Protocolo para incorporar ruiseñores al poema

(Ricardo Mansoler)

Si un ruiseñor o más
asoma a tu ventana
no preguntes cuantos son
los sentidos del poema.

Si un ruiseñor risueño, o más
frecuentan tu ventana
no averigües por qué ríen:
nada es motivo permanente
para reírse, y todo lo es.

Si un ruiseñor o más
se acerca a tu poema
y abre una ventana, no graznes
ni goznes ni rebuznes
en señal de aceptación:

El ruiseñor, como la risa
y los sueños, no necesitan 
ser aceptados.

No le preguntes si puedes compartir
su risa en el poema risible.
No compartas tus preguntas:

Armar una lista de preguntas
para el ruiseñor, puede servirte 
en el futuro, para hacer un poema
(el futuro está colmado de poemas,
pero es incierto)

Pensar en el futuro, es tiempo perdido
para el poema presente, que está 
pidiendo resolución mientras declina
ante la risa del ruiseñor.

Hay que tener presente: 
el tiempo perdido en el poema,
no se recupera.

No le preguntes por qué ríe,
ni por qué canta o deja decantar.

No le preguntes por qué cantamos:
El canto no tiene razón
ni sentido, como la risa del ruiseñor
y los poemas.

Por último, 
no le digas señor ruiseñor; 
él no sabe que es un ruiseñor 
y ni siquiera conoces su sexo

(Sí, los ruiseñores tienen sexo,
como los poemas:  cuando no 
lo tienen lo piden a gritos)

El amor y la luz

(Dudamel Rambler)


El amor es rápido y fugaz,
salvo para los seres de luz.

Ellos permanecen ajenos
a los placeres de la carne,
a la condición efímera y a la
banalidad inútil de los goces
humanos.

El amor es rápido y fugaz,
pero no puede competir con la luz:

En condiciones naturales, se puede
amar con más o menos luz, 
o amar a oscuras, pero no es posible
amar la luz.

No hay nada más veloz;  la luz
es lo más veloz que conocemos,
aunque sabemos poco de ella,
como del amor.  Salvo los seres
de luz.

No es fácil detectar a un ser de luz,
algunos brillan reflejando luces
ajenas. Los seres de luz, son inquietos,
rápidos y fugaces; suelen cambiar de
posición y no siempre están dispuestos
a ser reconocidos.

Otros, sólo usamos luces de posición.


Escolio:


          ¿Sabías que vos también podés ser
           un ser de luz?  Bueno, pero tenés
           que ponerte las pilas.

El odio

(Horacio Ruminal)

El odio absoluto no existe:
Aún los seres más abyectos
suelen frecuentar sentimientos
encontrados.

Los sentimientos humanos
están hechos de contradicciones
y tensiones que pueden alcanzar
diversa intensidad.

La naturaleza séptica del ser
hace imposible un odio libre
de contaminación.

No somos conscientes de toda
la contaminación que consumimos
y producimos, incluso al consumir.

Producir contaminación es un pleonasmo:
La contaminación es un valor agregado
de la producción, pero gracias
a la producción de conocimiento, sabemos
que toda producción contamina, incluso la
producción de conocimiento.  

(El conocimiento, es un camino sin
retorno, no podemos desconocer)

II
Con respecto al odio,
hay sensaciones encontradas.  Pero nadie
encuentra solo lo que busca:

Buscadores de prestigio, cazadores de fortunas,
rastreadores de tesoros y emprendedores
de toda laya suelen no llegar a destino,
pero encuentran otro.

Conocemos el valor de las oportunidades,
los desafíos, la aventura de asumir riesgos
y conocemos la serendipia  (Si no fuera por
las palabras, hay cosas que no existirían)

III
La Neurolingüística no puede aislar al gen
patógeno del lenguaje, ni se lo propone;
en cambio, establece el Cerebrocentrismo
y produce Neuropolítica, Neurociencia,
Neuroeconomía, Neuropsicología y
Neuroarte, junto a la Neurofilosofía.

La Neuropoesía libera endorfinas,
y nos libera de los malos hábitos poéticos,
como el vicio recurrente de la repetición
y el vicio de repetir en forma recurrente
la palabra vicio, y aquellas que se asocian.
Libera al libertino y al novicio, y vuelve
todo a su lugar de inicio:
La poesía es un servicio,
nos libera de las aspiraciones neurotóxicas
y del ocio mal tramitado.


IV
El odio absoluto no existe, no se puede
odiar a todos por igual: hay que discriminar.

Hay que volver al odio primordial,
a la noción nociva,  hay que
aumentar el IVA,
hay que gravar el aire y el uso
de la gravedad, y controlar el contenido
de cada aspiración desmesurada
o excesiva.

V

Empatizar con el odio:

¿Sabías que el odio es un sentimiento vital,
más antiguo que el amor, y produce cosas
mucho más interesantes, no sólo en la
literatura y en el arte?

No goza de buena prensa, es verdad, como
tampoco la verdad, pero ha inspirado las
mejores obras.

Hay músicos que odian la música, futbolistas
que odian el fútbol, y lo mismo ocurre en
otras disciplinas.  No les va mal…

Es conocido el nombre del tenista
que odiaba el tenis, y llegó a la cima
con su odio.  Fue el mejor, reinó por algún
tiempo en soledad y hasta conoció el amor:

Una tenista germana, tan exitosa como él
que supo reinar en soledad por cierto tiempo
y también odiaba el tenis.

¿El amor es más fuerte?
No, los unió el odio, que es más antiguo.

¿El amor como el éxito del odio?

Hay amantes que odian el amor,
prefieren el sexo puro y duro.

¿Puro y duro?
¿Cuánto dura esa pureza?

Me acojo al beneficio de la duda.
El odio absoluto no existe, oí dudar
a un músico reconocido.

(El reconocimiento, al igual que la fama,
no es algo bueno en sí. Puede responder a
una valoración positiva, tanto como negativa:

Tengo mala fama… Pero no son lo mismo:
la fama está asociada al éxito, algo tan
azaroso como efímero, mientras el reconocimiento
supone otros méritos o virtudes, menos dudosos,
que pueden trascender la banalidad natural de
gustos y sentimientos populares.

Un escritor reconocido, decía que la fama
es un exceso de reconocimiento, y el éxito
una forma excesiva de aceptación,
quizá la peor.

Experticia

(Aquino Lamas)


En un futuro
todo habrá sido negociado:

No habrá nada que negociar,
ni disputar, salvo la palabra.

Pero no tendrán mucho valor
las palabras, ni serán muchas;
sólo las necesarias.

¿Cuántas palabras necesita un hombre?
¿Cuántas, una familia tipo, un buen
vecino, un asesor letrado?

Tal vez, no muchas más que las de un
poema, un buen poema genérico…

No contamos con una respuesta uniforme
y taxativa. Mejor llamarse a silencio
y escuchar a los que saben.
¿Quién sabe?

¿Habrá que recurrir a la palabra autorizada
de la neurociencia cognitiva?  
¿Habrá que consultar a un consultor?
¿A un experto en experticia, a un neólogo
matriculado?

¿Tenemos las respuestas que necesitamos?
-esta te la debo-

¿No hay más preguntas?
-Puede haber, pero acaso no sea oportuno
 en este tracto del poema: ya hay bastantes.

¿Las palabras, entonces, no sirven?
-No, sí, sirven para hacer preguntas, 
 aforismos, juegos de palabras y poemas.

En un futuro, cuando todo
haya sido negociado, las palabras seguirán
siendo las mismas, pero serán menos
y con otros valores.

Algunas caerán en desuso, 
después en el olvido,
como tantas lenguas muertas que duermen
el sueño de los justos y aún esperan,
acaso, otra oportunidad.

Cuando todo haya sido negociado,
la palabra oportunidad, puede que 
no disponga de otra oportunidad.

Otro solo irrepetible II





(Epifanio Weber)


Hay cosas que se aprenden solo:
No siempre se puede estar solo,
pero siempre se puede estar más
solo.

La soledad, puede ser una elección,
una vocación o una condición no
deseada con la que hay que convivir
y familiarizarse.

Puede ser un recurso renovable:
Hay quienes necesitan estar solos
para escribir, componer o producir
objetos que merezcan compartirse
(Puede haber dudas, compartimos)


II
Como músico solista, aspiraba
a improvisar.  Al principio sabía poco
de esa disciplina:  improvisaba,
copiando, reproduciendo e imitando
en busca de una voz propia.

Un buen solo, es la aspiración de todo
improvisador  (a sabiendas de que será
reconocido por unos pocos entendidos,
los que suelen, solos o no, regodearse en 
el goce único de un solo original,
bien armado, con todos los
recursos y matices que sólo proveen
el conocimiento y la libertad, al servicio
de la sensibilidad,  o viceversa)

Hay que saber:  
El arte no es para todos,
la libertad tampoco, ni la soledad.

Hay que ser sensible a estas condiciones,
para ejercer esa libertad hasta donde el
arte lo permite, y producir ese solo que
permanecerá en la memoria del receptor
sensible, como algo único e irrepetible.

(Aunque para llegar a eso, haya sido preciso
mantener una rutina metódica de prácticas
repetitivas con escalas, arpegios, tríadas,
sustituciones y otros elementos que el
improvisador incorpora en su aprendizaje
solitario, para que su discurso fluya con
naturalidad, y luzca como creación espontánea)
No es poco lo que hay que saber
para emitir una improvisación lograda,
de modo que esa libertad que surca
los compases de su tiempo acotado,
pueda ser transmitida a los oyentes,
o al oyente: 

Hay cosas que solo se aprenden solo.

Tal vez lo más difícil, para un solo
perfecto, sea saber decidir donde
poner el silencio; donde hacerlo.

Hacer silencio es una aspiración 
ilusoria:  No se hace.
El silencio en el poema, en la música,
en un solo, es apenas una ilusión 
donde el oyente o el lector pueden
improvisar, con sus propios medios
y en forma solidaria con la soledad
del emisor, otro sentido: ese que falta
para completar la ilusión.

Hay cosas que se aprenden solo:

Yo aprendí, con los vicios 
del que aprende solo, 
que lo más difícil en el solo
es elegir los lugares del silencio

(algo que no llegué a aprender)






para ganar masa espiritual

(Tomás Lovano)

Venimos a sumar,
hay que evitar e prefijo negativo
y la noción nociva.

Venimos a sumar:
el nosotros niega al individuo,
lo subsume a una suma imprecisa;
lo reduce a algo amorfo, sin contorno
(el no, como sufijo es aceptable:
contra el destino nadie la talla)

Venimos a sumar:
Hay que evitar la primera persona
del plural hasta las últimas secuencias
de lo posible:

Hay un piso y un techo
para la metáfora.
Hay una masa y un volumen,
un coeficiente y un cociente,
un albedo y un gradiente.

¿No conocemos lo suficiente?

Todo lo posible, es también pisable:
Hay un piso y un techo,
sólo conocemos el derecho de piso,
las oportunidades del posibilismo y
las posibilidades del oportunismo.

Venimos a sumar, asumamos
cada alteración en orden.

II
La excitación excesiva, conspira
contra el éxito del recitado
de una buena cita.

Es para recapacitar, antes 
de excitarse en exceso.
Hay quienes sólo se excitan
con excesos, son incapaces
de recapacitar.

Una aspiración excesiva
sólo puede resolver en decepción.
La resolución deceptiva, conspira
contra el optimismo sano y mesurado:  

Casi nada es nunca lo que se espera.

Hay que ser mesurado, conviene
recapacitar antes de aspirar sin medida.
 
Quien no sabe medirse, puede aspirarse
y desasirse del eje de su condición
binaria  - dar y recibir, incorporar y
enajenar - y hasta perder el control 
de esfínteres en acto de servicio.

El promesante

(Remigio Remington)

Todavía ataviado
de atavismos autóctonos
e ínfulas exógenas,
el promesante espera:

lo único que se puede hacer
es esperar.

Todavía habitado por pasiones
planas, asimétricas y unívocas
oteando aquel futuro horizontal
en su perímetro permeable,
oyendo voces que perimen.

Todavía abatido
por el fracaso receptivo
de la pasión en tránsito 
(en prójimos, allegados y terceros)

mirando al océano
el promesante espera:

lo único que se puede hacer
es esperar

(lo último que se debe hacer
es desesperar)

Esperar sin solución
de continuidad:

una metáfora anómala,
bien monitoreada, emite abismos
cuya obscuridad no se soporta

-si hay conciencia-

hay culpa:  el exceso de funciones
puede alumbrar un organismo muerto
envuelto en celofán o el alma
que se escurre por el ojo semiplano
de un animal desclasificado.

No está muerto quien vacila,
se repetía el poeta 
todavía olvidado, 
un poeta autodidacta
en avanzado estado: 

Hay que repetir todo
sin solución de continuidad:

Vengo desde el olvido,
se repetía para no olvidar
sus hábitos atávicos.

Vengo desde…

No es muy triste olvidar de donde vienes,
lo importante es adonde vas, se repetía
sin parar, sin saber, sin querer, 
sin saber adonde ir y
sin querer ir a saber.

No vengo en son de venganza,
no sé si vengo…
pero la venganza es una forma de justicia
y un placer divino:

Si quieren venir que vengan,
no pregunto cuántos son,
no vengo en son 
ni vengo a ofrecer un corazón.

Lo único que no quiero es sangre,
no quiero ser funcional
a ningún tipo de sangre
ni al verbo derramado.

Funciones hay de sobra,
me dijo un sobrador reconocido.

Funciones hay de sobra,
me dijo un funcionario arrepentido.

El promesante espera:
lo único que se puede hacer es esperar.

Ni el arrepentimiento, ni el perdón
redimen, ni rezar resarce.

El avistaje de aves

(Horacio Ruminal)

Hay aves mitológicas, aves 
de rapiña, aves mensajeras, 
aves agoreras
o pájaros de mal agüero; 

hay aves carroñeras  -comen cadáveres,
como nosotros- , y aves consideradas
sagradas por algunas culturas antiguas.

(Las aves son más antiguas que nosotros,
y parecen descender de dinosaurios)

Hay aves de corral, aves sacrificiales,
aves sacrificables y otras aves que no
producen utilidad.

Hay aves con oficios, como el hornero,
el cardenal, el pájaro carpintero, el tordo
overo, el cigüeñal o el buitre almizclero.

Cantar no es un oficio, y no todas
las aves cantan:


Hay aves que cantan a coro,
otras cantan solas
y otras callan.

(También las hay, que no conociendo
la propiedad del canto, se limitan a
imitar cantos ajenos)

Hay distintos cantos, más y menos 
elaborados y diferenciados:
Algunos de apenas dos o tres notas,
otros, más ambiciosos, desarrollan
melodías más complejas.
Y están los que abrevan en una sola nota,
que aunque se empeñen y ensayen
resulta un canto bastante monótono.

Hay aves que nos subyugan con su canto,
como el jilguero, el ruiseñor, o el
cabecita negra.

Algunos poetas, se inspiran en cantos
de volátiles para su producción versátil,
puede ser un mirlo, un ruiseñor,
un cuervo, un papemor.

Hay aves que parecen hablar, pero
sus sonidos no pertenecen  a nuestros
abecedarios.

Hay, también, las que hablan, pero
por lo general no saben lo que dicen,
como suele ocurrir entre nosotros.

Hay aves que cantan sin motivo,
sospechamos;  otras lo hacen por
motivos que desconocemos,
como nosotros.

Y están las aves de paso:
a veces pasan, a veces no  (es tedioso
sentarse a esperar que pasen) 

Hay aves hábiles, como el hornero,
que con gran trabajo y una técnica
envidiable, construyen nidos seguros
y perfectos.

Otras, más inteligentes y astutas, los
usurpan.

La usurpación, el saqueo, la apropiación
son recursos evolutivos:  Empezamos a
escribir con plumas de ánsar.


De las distintas aves, sabemos
apreciar su canto, su vuelo, su plumaje
o su carne.

Ensayando una clasificación elemental
y provisoria, se puede aventurar:

Hay aves mitológicas, exóticas, extintas,
aves de paso y aves de presa o de rapiña,
aves de cetrería y aves de compañía,
como el loro  -puede estar en la cocina
y sostener una conversación mientras
cocinamos una pechuga- 

Hay aves carroñeras, aves canoras,
repetidoras, adiestrables, compañeras
y parrilleras.

Hay brótola

(Amílcar Ámbanos)


¿Me entero ahora?

La incompletud de todo
es siempre transitoria
respecto de cualquiera
de las partes en conflicto.

Noto el alboroto de la brótola.
Noto y anoto,
los desbordes naturales
precipitan el paso de un estado
a otro.

La singladura del fluído
puede vacilar en tiempo y forma,
el desertor más avezado
puede hesitar ante una hez, en esta cita
o descubrir el goce de la fe
elevándose en la oración
armada de armonía.

Hay que volver a creer:
Esta fe me hizo ver lo verosímil
y su música impertérrita y anómala.

Creo en coros y croares, creo
en la multiplicación de los penes, 
en la eneúpla, y en los nuevos diseños
de los planes divinos.

no me erizo
ante los números hostiles
no me inclino ante los múltiplos
de uno y sus púlpitos,
tan diminutivos como inhóspitos.

Ultimo los enseres
de la serialidad ontológica
para asumir el ritmo de lo posible:

ser es creer, me dijo un ex creyente:
ser es poder
concomitar con todos los gerundios.

Un dios plural, transcurre
y desaprueba al pasar
de uno a otro
pecado sin gozar
ni fracasar.

La brótola no se alborota
por un desliz
ni se apichona ante el brote
de un poema abortable.

A pecar se aprende pecando,
decía un aprendiz avanzado. 

Noto y anoto:
hay un amor que brota
ignoto, innato, errátil,

está ahí, en los cuerpos sutiles,
en lo sutil del ente, en la enténte,
en lo inconsútil emanándose,
en lo brotátil
y lo eréctil.

Esos esbozos embozados
que preceden a la voz,
en la tibieza líquida del verbo
uterino y sus formas interinas.

En la simbiosis del fermento
amniótico, antes de las primeras
tejas del tejido bursátil y los
albores de todos los valores.

Hay un amor innato, abovedado,
intrínseco que brota
en las mucosas superiores 
del deseo irretráctil y versátil.

No hay datos
pero hay dátiles.

El perdón divino

(Tomás Lovano)


-He pecado en vano, Padre.

-No debes vanagloriarte, hijo.  Nadie es
 quien para juzgar la vanidad de nuestros
 actos y pensamientos, salvo El, que todo
 lo sabe y todo lo perdona.

-Ahora peco poco, pero supe pecar en forma
 recurrente en mis buenos tiempos…

-La compulsión, la repetición y la compulsión
 a la repetición son parte de nuestra naturaleza.
 Nuestro Creador lo dispuso así, y es poco lo
 que podemos hacer… Pero su Amor infinito
 nos perdona todo

-Perdón, Padre...¿Y porqué perdona tanto? ¿No
 sería más justo que..?

-No preguntes lo que no debes, hijo. El es fuente
 de toda razón y justicia: Menos averigua Dios y
perdona.

-Perdón, Padre...