Reproducción

(José Luis Greco)



Mientras como mí ensalada 
procesada (para no perder más tiempo 
del razonable, masticando), 

una ensalada que incluye hongos (son 
buenos para prevenir el Alzheimer)

mí hijo revisa la heladera
y tira los hongos.

¿Estaban feos?

Están llenos de hongos, me responde.

(Pienso, hay cosas que ya no puedo ver)

Pierdo la vista,
pero mantengo una visión crítica
de todo.

Esto no es un poema

(Aquino Lamas)


¿Cómo sé que soy un poema?
Preguntaba el poema vacilante -y por
tanto sospechoso-  al arribar a un mundo
poblado de sospechas y poemas.

¿Y tú me lo preguntas?
Repregunté, para citando ganar tiempo
y elaborar una respuesta no tan
improvisada  -es algo natural improvisar:
casi todas las respuestas que emitimos
son improvisaciones-

Mi respuesta no pareció satisfacerlo,
sospeché que le resultó sospechosa
-como suele ocurrir con las respuestas
que preguntan-

Mientras el poema vacilaba, pensé
otras respuestas disponibles:

-Nunca lo sabrás.
-Hay preguntas que no tienen respuesta.
-Para qué quieres saberlo, mi linda
 flor de ceibo.
-Menos averigua Dios y perdona.

Y otras tantas, que descarté por ésta:

No hace falta ser poema para ser,
ni siquiera tener título habilitante
ni categorización alguna.
No hace falta tener nada para ser
alguien o algo: 
el alga no sabe que es un alga,
pero es;  no tiene que aspirar 
a nada para nadar y ser.

Un poema es muchas cosas
y otras tantas que no es.

Para verificar su cumple
toda condición poética, habría
que recurrir a la autoridad de
aplicación.

Pero los poemas genuinos, verdaderos,
no preguntan qué son ni cuántos son
(aunque pueden preguntar cuánto es
y formular otras preguntas)

Saben, que un poema que pregunta
demasiado, es siempre sospechoso.

Cuando evacuando…

(Tomás Mercante)


¿Ahora es cuando?

No sé, me dije y lo agendé
(nunca nadie marcó mi agenda,
nunca dejé)

Son las once, es tiempo
de evacuar
tanta duda acumulada
por generaciones.

(Se genera más de lo evacuable)

Son las once, no creo en números
primos  (hace décadas que no veo
a mi primo y viceversa, no soy muy
afecto a los lazos de sangre: confío
más en los de baba u otros lubricantes
naturales)

Evacuando:  ¿Nacer es evacuar?
¿O sólo su segunda inversión?

(Con Eva nace la metonimia, 
luego Evita dignifica con metáforas
descamisadas: la dignidad, está ahí,
en el diminutivo, aunque genere
algún rechazo: grasitas, cabecitas)

Nacer, morir, no son opuestos
complementarios, por el contrario:
Todo es inversión.

Se nace por inversión:
Para que algo nazca, 
primero hubo que invertir.

En un principio no hubo nada,
ni materia, ni luz, ni viento, ni
conflicto de intereses:

Todo era tiniebla,  
Hasta que llegaron las inversiones,
tuvo lugar la inversión divina y se vio
que era bueno invertir  (aunque no hay
evidencia científica)

Evacuando:  Colón no paró el huevo.
El huevo no se para, carece de miembros.
La erección es un hecho biológico, físico,
producto de la inversión inteligente:

el cerebro, con el estímulo adecuado,
decide invertir un volumen de sangre
en una zona acotada, hasta lograr la
consistencia deseada por las partes
(El deseo es un recurso de la biología
para reproducir funciones: hay que ser
funcional, los deseos son órdenes)

Evacuando:
Nadie nace de un gerundio,
aunque el movimiento se demuestra
andando  (entrando y saliendo de la
ecuación semántica, hasta la evacuación)

¿Qué es lo que queríamos demostrar?

No, no tenemos nada que demostrar.
Hay parteras, obstetras, encargados
y ayudantes que coadyuvan a que nazca
el destinado. Hacen nacer.

Así, a pura inversión, nace
la industria del conocimiento, 
como antes fue la industria de la fe.

El conocimiento divino, abreva en los
principios y legados de la fe

 (adoptamos la posición erecta)

Eructamos, evacuamos, emitimos,
imbuídos en esta fe que nos encarna:

encarnamos para poder desencarnar.
El Verbo Encarnado, carnadura
celestial, trasciende nuestra condición
material.

Somos pura inversión,
venimos a invertir y a evacuar
para volver a invertir.

...


Fe de erratas:  
Siempre es un buen recurso, la rata;
criatura divina que nos acompaña 
desde siempre; nuestro ancestro
mamífero enriquece cualquier texto
y puede salvar un poema vacilante:
Se adapta a todo paisaje y condición,
como los animales emisores que
evacuan poemas y desovan sus
inversiones.

No estamos solos, hay más de diez
ratas por poeta vivo  (los muertos
no cuentan)


 

Admoniciones y Facetas / Por: León de Greiff (1895-1976)

Mecánica Celeste

León de Greiff

La charanguilla que periclitara en el preámbulo del año, que era pretexto a desaprensivas logomaquias, ella; al devanar sonámbulo del ensueño en la vigilia ni vigilante, el dulcérrimo dispender del ensueño en la vigilia y al acre recontrapunto. Como para no decir nada ya era útil la charanguilla y para así no enderezar los ímpetus a alquitarallos en forma de poemillas o de favilas que se beben los vientos o de facecias atán facetas manjar del propio regocijo: los poemillas “intemporales” o destemporizados. Cuando el dela charanguilla era poeta todavía, no se había inventado aún entre “nosotros” la poesía o no se la había traído de los cabellos colgada del pico de las cigüeñas. La reinvención o la importación o reincorporación de la poesía o –precisando- de la auténtica poesía, es de data relativamente fresca. Porque antes existía, pero no autorizada, sin el visto bueno o el…

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A un santiamén

(Tomás Lovano)

Otro santiamén dilapidado
entre los verbos
de la casa.

¿vano?  ¿invano?  ¿ávano?

Fumo en la parte de afuera 
de la casa, el humo no responde
pero la casa está en orden.

Adicción, vicio, humo, son palabras.
Tal vez el humo exprese lo que no
pueden las palabras.

El humo que se esfuma,
o la duración de la pasión insumida
al aspirar:    un santiamén.

¿Qué es un santiamén?

Un instante, una fracción de tiempo
tan breve e inasible, que no puede
medirse:  como la fe.

Un santiamén, reboza fe 
por los cuatro costados;  
el prefijo santifica al amén:

Pura sacralidad semántica
servida al instante,
tanto para el creyente, como
para el que duda entre abrazar
la fe o abrazar la duda
directamente.

Pasa un santiamén:
Nos ponemos de pie.

¿Qué se puede hacer en un
santiamén?

Ante todo, santiguarse,
elevar una oración propiciatoria
o una cadena de oraciones para
que no se interrumpa la cadena
de santiamenes que mantienen viva
la llama de la fe.

(la fe es un fluído renovable)

Oración:

No dilapides tu semen
por un santiamén de goce.

Abraza la causa de la fe, sólo
se cree en lo que no se conoce.

Obsolescencia: oportunidad y desafío

(Abel A. Borda)


Obsolesce, que no es poco,
se observa la evolución
de las variables naturales
y el desove del abrojo.

Se busca compatibilidad funcional
entre cadáveres de distinto signo.

La emisión total
está bajo control: 
seguimos transmitiendo
la información correcta.

La curvatura deseada reproduce
cada función prevista.

El ojo avizor encuentra
las respuestas que necesita
(incluso alguna más)

El paisaje evoluciona
de acuerdo a los parámetros:
hay páramos y páramos,
no paramos.

Se registra el movimiento
de un pesudópodo divino
que se arrastra, no sabemos desde
cuando: su emisión precede
todo orden.

No hay datos precisos
pero el desierto crece,
aunque no se reportan nuevas
víctimas en la pantalla del
ordenador.

Hay recursos para aspirar
a una tercera dentición:
ya están brotando otros dientes
con diseños novedosos.

Una prueba de humor

(Horacio Ruminal)

El humor es siempre sospechoso,
casi tanto como el amor.

Producir humor, es algo tan complejo
que nos hace dudar, a diferencia del 
amor:  el amor no duda, lo que lo hace
sospechoso.

El humor no es espontaneo, hay que
producirlo, editarlo y emitirlo, lo que
requiere un trabajo intelectual.

Hay que sospechar de todo que
requiere un trabajo intelectual: 
es un artificio.

El amor es ajeno a esos trámites,
aunque se tramita en el intelecto,
brota en forma espontanea, sin
ninguna causa que lo justifique:

Hay que sospechar de todo aquello
que brota sin causa.

El humor, es algo propio de humanos,
creemos los humanos, como la fe,
otro sentimiento aún más dudoso:
Ésta no contempla la duda, mientras
que aquel nos puede hacer dudar de
todo.

El humor, es exclusivo de la especie,
creemos que es un rasgo propio de la
inteligencia superior que portamos
y por tanto, nos pertenece.

Acaso lo sea, pero si algún otro
animal pudiera opinar, no necesitaría
demasiada inteligencia para encontrar
algunas objeciones: El humano no
conoce mucho sobre otros lenguajes
animales, aunque reconoce su existencia.
Además, no se puede tomar en serio
el sentido de pertenencia de quien
suele creer que todo le pertenece.

El antropocentrismo 
nos hace más humanos, se puede afirmar
con o sin humor, que aunque sea un rasgo
de inteligencia, no elimina la culpa 
ni nos exime de nuestra condición.

Decir enemigo

(Epifanio Weber)


Quien no tiene enemigos, no merece
tener amigos.

¿Quién fue el amigo que lo dijo?
No sé. Guglealo, si te merece la pena:
Casi todo lo que no sabemos u olvidamos
está ahí  (hasta cuando uno está perdido
puede buscarse ahí y encontrarse:  puede
encontrarse perdido, buscado, y hasta
puede encontrar su vocación en el buscador)

Los amigos se merecen, después se hacen,
en ese orden  (De lo contrario, podés 
granjearte amistades inmerecidas)

¿Sabemos lo que merecemos?
¿Hay un orden de mérito?

No sé si tengo lo que merezco,
ni si merezco lo que tengo.
Pero ya tendré mi merecido
por estar dudando.

II
¿Qué sabemos del enemigo?
Poco, por lo que sabemos 
es algo necesario.

¿Nos necesita tanto como nosotros?
No sabemos:  Hay respuestas que sólo
tiene el enemigo.

Se aprende mucho de los enemigos.

La vida es movimiento, los enemigos
cambian, cambia el perfil, y hasta 
pueden cambiar de signo.

La vida, es ese movimiento que transcurre
entre fuego amigo y enemigo.
Hay que foguearse, mientras hacemos 
nuevas migas y buscamos otras.

Estamos signados a repetir errores
en el intercambio de fuego; hay que aprender
del error, y de la repetición.

Lo primero, aprender a reconocer
e identificar al enemigo.
Puede tener un rostro visible 
o muchas caras, puede estar en todas partes
y compartir nuestros hábitos más íntimos:
El enemigo interno.

Luego, está el enemigo común; valioso
en tanto es lo único que nos une.

III
Hay que saber elegir al enemigo
y asumirlo:  no sólo es necesario
sino que es parte de la selección
natural;  sin conflicto no hay evolución.
La evolución, un camino sin retorno, 
nos enseña:  si llegamos hasta aquí,
lo debemos en gran parte al enemigo.

Hoy, gracias a la evolución alcanzada,
el trabajo de identificar al enemigo se
ha reducido en forma significativa;  es
fácil detectarlo, sabemos que estamos
rodeados de enemigos.

Pero además, disponemos de los recursos
tecnológicos para hacer y cultivar nuevas
enemistades, sin tener que salir a buscar.
Sin movernos de la pantalla.

***


(Nota: El amigo es Ambrose Bierce)

Huellas

(Arsenio Amarante)


Huellas para memorizar:

Hay una memoria selectiva,
la función elige lo que debe
retenerse.

La retención de fluídos que
se estancan, puede ser un problema,
a saber:

Recuerdo una vez, haber sido
interrogado en un retén militar
¿Qué hacía? 
¿Adónde iba, de donde venía? 

Sólo, sin una coartada, apenas
identificado vacilé:  La memoria 
sólo retiene huellas discontínuas.

Invoqué una presunta novia
que me esperaba en alguna parte,
como sólo una novia, real o
presunta sabe esperar.

Circule con precaución, me ordenaron
sin disculparse.

¿Dónde estaba la culpa?
¿En la memoria, en la continuidad
del orden alterable? ¿En mi condición
sospechosa aventurándome en plena
noche en un barrio que no era el mío?

Volví sobre mis pasos, buscando
las huellas de mis presuntas culpas,
reteniendo algunas voces.

¿La memoria elige lo que merece
retenerse?

No sabía entonces, después tampoco.
Nadie es inocente hasta que demuestre
lo contrario.

¿Iba en sentido contrario?

No sé, pero todos tenemos derecho
a esperar que una novia, presunta o
no, nos espere en alguna parte, con 
o sin culpa.

(Tal vez, la culpa sea esa novia, que
teje con paciencia en la memoria
y no nos abandona)

La semiduda dada

(Ricardo Mansoler)

El hombre, dador y receptor
¿sabía dudar antes de ser sujeto?

¿Tiene dudas, soldado?

Ante la duda dada
hay dos opciones, a saber:
saldar o despejar.

Despejada la duda, aparece
una certeza:  
Si hay duda, habrá un sentido
o más:  la producción de sentido
tiene un costado dudoso;  toda
producción tiene un costo.

La duda dada,
o la semiduda obtenida
por puro desarrollo, son instancias
superiores que trascienden la función
descartando sentidos funcionales,
para aspirar al sentido verdadero
-que no siempre es el verdadero sentido:
hay dudas-

II
Obtenido el sentido, 
no hay nada que producir,
sólo agregar:
la producción de sentido 
no puede detenerse.

¿Tiene dudas, soldado?

Hay artilugios, artificios, artefactos
y artimañas:  el arte produce anticuerpos
y el antígeno poético, tan dudoso como
el sujeto libre.

III
Los dadaístas no dudaban,
eran meticulosos en el ejercicio
de no medir sus emisiones, dados
a la emoción de producir una
espontaneidad deliberada, escapando
a la tiranía del sentido y la utilidad.

¿El Sentido en busca del Hombre?
¿El Sentido somete al individuo a
producir, convirtiéndolo en recurso
y en producto?

¿Cómo logramos que la palabra
libertad se vaciara de sentido?


IV
El dadaísmo no produjo nada interesante,
afirman algunos, una vanguardia sin
futuro: pura desmesura; en la edad de la
razón reivindican lo emotivo, la oscuridad
anterior a la conciencia. Usan el lenguaje
para burlarse de él, un juego de niños, una
insensatez, como si hubiera algo que rescatar
de la niñez…

El dadaísmo, afirman algunos, no produjo
nada interesante. Murió en su ley, dejó
algunos poemas y manifiestos absurdos, 
nada memorable.  Y dio lugar al surrealismo,
un poco más elaborado, que dejó algunos 
manifiestos y poemas no mucho menos
absurdos y no produjo nada interesante.

Hay que volver atrás, cuestionarlo todo
y rescatar lo memorable.

¿Hay arte sin memoria?

Hay artes y oficios, hay artilugios, artificios,
artefactos y artimañas.  
Hay un arte oficial y otro subterráneo, no
mucho menos dudoso. Hay bellas artes
y malas artes, pero no es el arte 
un estandarte de libertad.

Valèry odiaba la palabra libertad  “Es una
de esas palabras que cantan en vez de hablar”

El cantar, sabido es, si algo no tiene
es sentido.