Los amigos del barrio

(Carlos Inquilino)

Los amigos del barrio
se mudaron, eligieron otros barrios.
Hay muchos barrios, se puede elegir
(dentro de las posibilidades de cada
habitante, vecino, amigo o enemigo)

Hay varios barrios mejores que éste,
pienso: habrán pensado.  Más caros
o baratos pero todo cambia, siempre:

Hay barios que se valorizan, gracias
a la gentrificación que diseña y
desarrolla una buena gestión. 
Todo cambia: la transformación no para.

Se elige el barrio como se elige a los
amigos, pero los amigos pueden elegir
otro barrio y cambiarse:  Luego, podrán
seguir siendo amigos, pero no del barrio.

Hay barrios mejores, tal vez con mejores
amigos, y hasta con mejores mujeres.
Tal vez, pero las mujeres van y vienen
y los amigos son para toda la vida.

Hay que saber elegir:  Primero el barrio
y después los amigos, en ese orden  -no
en el otro-  porque los amigos pueden
cambiar de barrio y te quedás sin amigos
del barrio.

Entonces, por ahí te mudás a otro barrio
y hacés otros amigos, que por ahí son
mejores, o no… Pero son los amigos del
barrio, que uno eligió.

La evolución de la mancha

(Horacio Ruminal)

En el principio fue una mancha blanca,
algo tan ambiguo como sospechoso:
las manchas verdaderas son obscuras,
mientras que el blanco, símbolo de pureza,
sólo podría manchar algo ya manchado
(o maculado, para no evolucionar en la
repetición de esa raíz que tanto significa)

Cabe agregar  (¿qué le hace una mancha más
a la evolución?)  que toda mancha es, ante
todo, un significante, como también lo inverso.

Toda mancha es única, aunque se trate de 
una mancha genérica.  Posee rasgos y
características propias que la diferencian
de otras,  (como los significantes)  lo que
explica la existencia de los concursos de
manchas:  Si fueran todas iguales, no tendría
sentido la competencia.

II
Volviendo al blanco original, de la mancha de
referencia, no sólo era una mancha blanca,
sino que además, crecía:  un signo vital bien
valorado en general, pero altamente sospechoso
para una mancha cualesquiera dada.

No era una mancha mas, se iba expandiendo
de un modo casi imperceptible pero minucioso
y continuo, como este poema.

La dinámica de las manchas es rica y diversa:
Algunas se expanden a una velocidad y luego
merman, hasta alcanzar su forma definitiva o
máxima expresión.

Las hay que crecen y decrecen o se apagan,
hasta que nos olvidamos de ellas y quedan
ahí, con su expresión vacilante, como parte
del paisaje familiar.

Con el tiempo, uno se acostumbra a su presencia
inocua y convive con ella, incorporándola a la
vida cotidiana, hasta olvidar que alguna vez fue
una mancha incipiente, amenazante e invasora.

Es natural adaptarse y naturalizar todo.  
Hay manchas que sólo permanecen en la 
memoria. 

III
Las manchas, no son algo de lo que se pueda
prescindir, están en todas partes aunque no las
podamos ver y registrar a todas, y su vida útil
es variada:   Depende de la procedencia y las
condiciones del entorno en que se desarrolla,
como la de cualquier sujeto.

Hay vidas que se perciben como una mancha
en la familia.  Pero ninguna es única,
cada familia cultiva sus propias manchas y no
las hay inmaculadas, con excepción de la 
Sagrada Familia y el Espíritu Santo, que no 
sabemos si es parte de la Familia, o sólo una
mancha blanca o incolora.

La dinámica de las manchas, es también un
significante:  Cuando deja de expandirse y
conoce el estado de reposo, significa que llegó
a su techo como mancha.

Si en nuestro techo, vemos que la mancha de
humedad detuvo su crecimiento, significa que
el vecino de arriba arregló el caño, o al menos
dejó de hacer lo que hizo aparecer la mancha
(Son muchas las actividades humanas capaces
de generar manchas, omitiremos enumerarlas)

Por lo común, todos los vecinos suelen hacer
ese tipo de cosas:  Conviene no tener ninguno
arriba, ni al costado, o incluso abajo, en fin,
es un problema generado por la propiedad
horizontal  (Tampoco sirve elegir el último
piso, donde las filtraciones son recurrentes)

En realidad, el problema no son las manchas
de humedad, que uno termina aceptando como
algo natural e inevitable:  Los vecinos, suelen
emitir cosas peores.

Mejor no hablar de los vecinos, que también
tendrán sus problemas y sus manchas, y seguir
con la mancha que nos ocupa.

IV
Para ser justo, o al menos sensato, habría que
ser más contemplativo con las manchas.
La historia de la mancha nos remite a la infancia
¿Quién no ha jugado a la mancha venenosa, o a
alguna otra?  ¿Quién no ha dicho ¡mancha! Y no
se ha manchado alguna vez?
Luego  ¿Quién no compró un quitamanchas?

Entre tantas cosas, le debemos el desarrollo de
esa industria necesaria, así como algunas 
memorables expresiones de la cultura popular:  
“la pelota no se mancha”  (Reza la metáfora divina, 
que como toda metáfora, es falsa: cualquiera que 
haya jugado en un potrero o un baldío, sabe que sí se 
mancha, en el  barro, al caer en una zanja, etc.)

Gracias a la industria, conocemos a la famosa mancha
rebelde, un enemigo común al que todos combatimos:
La rebeldía, en sí misma, no goza de buena prensa, y
agregada a la condición negativa de la mancha, 
componen una presencia desagradable, que hay que
rechazar de plano y erradicar por cualquier medio
para que no cunda el mal ejemplo.

Por fortuna, gracias a la evolución alcanzada, 
disponemos de quitamanchas efectivos de última 
generación, y todo indica que seguirán evolucionando
a la par de nuestras manchas.

Como ésta, que empezó como una simple mancha 
blanca y evolucionó en esta relación amorfa de 
manchas que deambulan e interactúan, sin mayor 
sentido de unidad, entre tantas palabras que manchan
el papel, que era blanco como la mancha original.


V
Todas las manchas son originales, todas tienen su
origen  (aunque lo desconozcamos)  y no hay manchas
apócrifas.

No hay dos idénticas, aunque hay manchas que
constituyen un rasgo identitario, como ciertos lunares
y otras.  

Las manchas en la piel del rostro y en el dorso de las
manos, también son un significante:  revelan el tiempo
acumulado en un cuerpo.  Hay quienes recurren al
dermatólogo para suprimirlas, con resultados aceptables;
otros las aceptan con mayor o menor resignación, 
entendiendo que el paso del tiempo es inexorable y es
vano ofrecer resistencia.

Algunos no confían demasiado en la ciencia, y optan
por recurrir a la sabiduría ancestral:  “Tenía una mancha
indeseable e inocultalble, probé de todo, y nada.  Pero
al final pude deshacerme: Ví a un Chamán y chau
mancha”

La dinámica de las manchas, fue lo que originó el 
presente desvío, pero esa dinámica es parte de la
historia:  Nuestra Historia es un buen ejemplo
de como el tiempo va degradando distintas manchas
para que olvidemos todo, y podamos vivir sin esa
carga negativa.  Nadie es culpable de lo que ocurrió
en el pasado, no estábamos ahí y no podemos hacer
nada para cambiarlo.


VI
Damos vuelta la página, y nos ocupamos del presente:
esta mancha blanca que destiñe…

Volviendo a mi mancha de inicio, 
esta mancha blanca y creciente
apareció como un rasgo incipiente
en el plumaje de un zorzal, que vive
en mi jardín y suele visitarme, junto
a otros.

Al principio, supuse que podía haberse salpicado
con pintura blanca, que habíamos usado hacía poco.

Después, vi que la mancha se iba extendiendo
y descarté que fuera pintura.

Por último, sólo conservaba algún color
en la cabeza, hasta quedar completa y
definitivamente blanco.

Temí que fuera rechazado por sus pares
y reaccionaran con la violencia 
que suelen emplear en otros casos
que me tocó observar.  Pero no, por suerte
nada cambió  (no sé si es porque aceptan la
diferencia, o es que no la perciben)

Ahora sé que se llama leucismo,
un fenómeno raro que afecta a algunos 
individuos entre las aves.

Mi amigo alado luce como el
Espíritu Santo, Ave purísima
si las hay.

La duda existencial y metafísica 
sobre la imagen de esta 
emanación divina:

¿Inmaculado, o pura mancha?

Ontario

(Ricardo Mansoler)

En Ontario nunca hubo un tirano,
me contó un notario natural
de Ontario.

En Ontario, nunca hubo un tirano;
si lo hubiera, tendría los días contados,
se jactan los ontarianos sanos.

En Ontario nunca hubo tiranos:
Los ontarianos confían en su historia
y en sus recursos sanitarios.

Aseguran que en Ontario
nunca hubo originarios
ni conflicto:  Somos gente de paz,
rechazamos la violencia;  de haber 
encontrado signos de violencia,
hubiéramos seguido otro itinerario.

Por el contrario, en Ontario no hay
nadie con prontuario, y casi no quedan
centros carcelarios.

Estamos tranquilos en Ontario,
sabemos que somos un lugar seguro.
La vida es cara en Ontario, pero
gozamos de los mejores salarios.

En Ontario hay libertad, respetamos
todas las creencias religiosas y profanas,
aún las más dudosas.

En Ontario nunca hubo un tirano,
por el contrario: somos abiertos 
a las sectas, pero no sectarios.

En Ontario no hay censura:  Todas las
voces tienen derecho a pronunciarse
en libertad, si bien se sabe que todos
los varones somos barítonos en Ontario.

Los ontarianos sabemos reciclarnos.
Acá nadie tira nada, se aprovecha todo.
No hace falta un tirano que nos una:
Los ontarianos tiramos para el mismo
lado.  Y vamos tirando.

Puede que haya habido algún tiranosaurio
en el pasado de Ontario, pero nunca hubo
un tirano autoritario.

En Ontario no negamos nada
mas que lo necesario:
Nunca hubo negacionismo
y tampoco originarios, hay consenso:
no creemos que sean necesarios.

En Ontario hay libertad de cultos,
cada quien con su incensario:
Hay doctrinarios, trinitarios, tributarios
y supernumerarios y todos marchamos
juntos a celebrar el día del Orgullo
Binario  (aunque estamos abiertos a
todo lo contrario)

La perfección es posible

(Walt Waitman)

Examina tus heces, sin prejuicios;
no las descuides, no las mires
de soslayo.

No soslayes esta observación,
tus heces tienen mucho que decirte,
y cuanto dicen es mucho más
esencial que este poema, que no es
poco, o sí:  no importa mucho lo que es.

Para leerlas debieras conocer
su lenguaje: está hecho de formas,
colores, aromas y texturas, como
todos los lenguajes.  El resto es
desarrollo, y no hay desarrollo
sin metabolismo.

Sin él, no habría poemas ni sujetos
emisores o receptores:  nadie podría
leer el destino en las heces del poema,
ni metabolizar una coma, un apócope,
una antanáclasis.

Sin él, no habría intercambio de fluídos
ni comercio carnal, epitelial, espiritual,
ni internacional.

Nos relacionamos por el comercio:  
Cualquier sujeto, dador o receptor
lo sabe.
El metabolismo, no es sólo una función
vital: es la base de toda economía sana.


II
El metabolismo es pura elaboración
en evolución, como el poema que 
busca su forma.

Todo es forma, y las formas se transforman
con el intercambio:  toda forma es un
significante.

No soslayes este poema de heces
sin haberlo metabolizado;  aprovecha
su parte útil  (hay muchas formas de
ser útil a otros metabolismos)

Observa esas formas que vacilan
después de haber cumplido su servicio
para luego incorporarse a un volumen
superior de aguas servidas.

Observa forma, consistencia, texturas,
tonalidades y detalles de terminación:

Ahí yace la historia evolutiva
de ese bolo que te hace ser sujeto, 
aunque lo abandones con premura.

Después de su observación minuciosa,
podrás reanudar el ciclo evolutivo de
tu jornada, atesorando este conocimiento:

El estado de tu función metabólica, 
función primordial de la que dependen
todas las otras.

Estas formas que ahora observas,
contienen millones de años de evolución:
expresan la filogénesis histórica de la
especie más desarrollada; la vanguardia
evolutiva de todo el Orden Natural, yace
ante tus ojos, en la materia de esos cuerpos
obscuros que te observan observarlos.

Sin ellas, no serías nada.
No las menosprecies, se gestaron en tu
cuerpo y hablan tu mismo idioma.


III
Tus heces no son tus heces,
aunque las hayas emitido
y sientas que es lo único 
que te pertenece:

Son el testimonio y producto natural
de la energía que impulsa la vida
del planeta:  un bolo en continua evolución.

Esa emisión nos hermana con todos
los sujetos metabólicos, desde los grandes
saurios, nuestros padres predadores, hasta
la última bacteria que progresa en tu hez.

Es lo que ves, éste no es un poema
existencial, ni confesional:  es más bien
bucólico, funcional y metabólico  (puede
contener materia residual de otras emisiones
anteriores)

Tus heces no son tus heces.
Puede que sean emanación divina, o semi
(se sabe poco de la fisiología divina)
pero todos los seres vivos tributamos
a esta maravilla y compartimos la
cadena trófica, ésto es la vida:

Transformar la vida de otros seres vivos
en energía útil y excremento.

Algunos entienden que algo tan perfecto
sólo pudo ser creado por una Voluntad Divina.

Debemos ser conscientes, y abonar algún
tributo a la Divinidad o al Orden Natural
que nos emite y todo lo recicla para que la
vida se extienda y siga floreciendo.

Aunque nuestras heces no sirvan
como abono.

La evolución de la luz

(Horacio Ruminal)

Las luciérnagas Photuris imitan 
las señales lumínicas de otras especies,
con el fin de atraerlas para comérselas.

Del mismo modo, ciertas aves predadoras
desarrollaron el arte de reproducir 
el canto de otras especies para seducirlas,
atraerlas y devorarlas.

El arte de la mímesis, la copia, la imitación
siempre encubre fines deleznables.
Nada se puede hacer para evitarlo.

Por cierto, según opiniones autorizadas,
la mayor parte del arte, y los poemas que
leemos o escribimos, frecuentan ese origen,
aunque casi nadie está en condiciones de
detectarlo:

Se escribe más de lo que se lee, 
y se copia más de lo que se escribe.

Las verdaderas luciérnagas, se habrían
extinguido hace bastante, según algunos
investigadores.  

Las que hoy vemos, si es que podemos
ver alguna, son sus imitadoras, que las
sobrevivieron por su mayor aptitud
para adaptarse a los cambios, aunque
sean dudosos.

El reducidor autosuficiente

(Ricardo Mansoler)

El reducidor volvió a pasar,
cada vez más solo.

(El destino inexorable, todo
lo reduce)

En la cadena trófica
también hay competencia,
todo lo sospechado de útil 
es materia de disputa:  los desechos 
de unos son fuente de vida para otros.

La función debe continuar
para que haya un invierno venidero,
dentro y fuera del vivero:

Unos emiten, otros recogen, algunos
acumulan lo que creen útil y hay
quienes robamos palabras muertas
a la cadena de frío, para congelar 
el vacío que no puede reducirse.


II
El reducidor vuelve a pasar,
cada vez más solo.

Es un emprendedor autónomo
que sabe reciclarse, reconvertirse.
Cumple una función social y natural:
Es útil.

Es un emprendedor empedernido
que conoce su oficio:  
detecta la utilidad residual que sobrevive
al consumidor primario, secundario, terc.

La reducción es un recurso natural
que siempre tuvo futuro.


III
El reducidor vuelve a pasar,
es consecuente; tiene una larga
trayectoria y confía en la experiencia
acumulada:  Conoce su oficio.

Pero no está tan solo,
en la cadena trófica la competencia
recrudece, hay otros que buscan
lo mismo, es natural: 
sin competencia no hay desarrollo,
aunque no todo se reduce.

(Si vas a descartar este poema,
no lo arrojes a la vía pública: 
entregáselo en mano a un
recuperador urbano)

La evolución del deporte

(Horacio Ruminal)

¿Cuántos deportes debiera practicar
un hombre sano, a lo largo de su vida,
para acceder a una muerte saludable?

-Hay que dejar en claro que no existe
unanimidad de criterios en cuanto al
primer punto:  en qué momento, una
actividad empieza a ser considerada 
deporte, y reconocida como tal.
Luego, sin haber resuelto eso, es difícil
establecer pautas de conducta:  
Los cuerpos difieren en prestaciones,
tamaño, cualidades y anticuerpos;  los hay 
más y menos dotados para la actividad; 
unos muy ágiles, otros torpes, algunos que
son pura voluntad y están aquellos que
no necesitan aferrarse a estas prácticas:
cursan la vida con un sentido deportivo,
viven jugando o viven compitiendo, que
es casi lo mismo.


¿Cómo elegir el deporte correcto?

-Un deporte se adopta, luego nos adopta
como una mascota y se vuelve parte de
la rutina de la vida.
Hay muchos, tenemos tiempo para probar
y descartar hasta dar con el que se adapte
a nuestra condición, necesidad y deseo
y esperar que nos adopte  (hay que aprender
los movimientos, las técnicas, sus reglas y
aprender a esperar)


¿Hay que adoptar la elección según la edad?

-Es conveniente, pero hay una gama muy 
amplia de disciplinas deportivas  (existen
deportes de campo, de agua, de aire, de mesa,
de cama, de oficina y de ascensor, por nombrar 
algunos)
Y gracias a la evolución, todo el tiempo aparecen
nuevas propuestas:  el deporte es expansión, no
sólo mejora el rendimiento en otras actividades
más o menos vitales, sino que sirve para evadirse
y evadir otros conflictos y tensiones.  La vida es
tensión, conflicto, es lucha, competencia, y
afortunadamente hay deportes para todos.

¿No se necesita estar dotado, poseer una disposición
natural o alguna condición especial?

-Los ingleses inventaron todos los deportes, y no
no parecen particularmente dotados, salvo por lo
que se conoce como el espíritu deportivo, al que
antes hice referencia:  Ese sentido, acaso distintivo,
por el cual se entregan al juego de la pasión, y se
dejan llevar, contemplando la vida como un deporte.
Así, supieron embarcarse en tantas aventuras a lo
largo de la historia, y sin darse cuenta conquistaron
el mundo:  No hay lugar del planeta que no hayan
intentado conquistar y colonizar.

Hoy todos jugamos sus juegos, practicamos sus
deportes y nos apasionamos con distinta intensidad
de un modo natural.


¿Lo importante es competir?

-No podría afirmarlo, pero no parece haber otra
actividad tan esencial:  sin competir nadie gana.

Los deportes humanos

(Esther Miño)

Entre los deportes humanos
más desarrollados, disponemos:

El tiro al pichón, la cetrería, la
corrida de toros, de ratas y liebres,
la corrida cambiaria, la bicicleta
financiera y la fuga de divisas.

El amor a la divisa, es uno de los
más elevados valores que debemos
al deporte:

Un sentimiento indeclinable, un
amor innegociable e inmarcesible,
acaso la más pura de las pasiones
cultivables.

Como si no fuera suficiente, el amor
a la divisa ofrece otros beneficios
que lo tornan ventajoso, respecto de
cualquier otro emprendimiento 
amatorio:  

Sirve para amortizar el pasivo 
de amores dudosos, deficitarios
o mal tramitados, es ajeno a toda
forma de infidelidad y es de fácil
acceso para cualquier mortal, sin
necesidad de capacitación alguna
para gestionarlo   (a diferencia del 
capital cognitivo)

El animal poético

(Tomás Mercante)

¿Cuántos animales pueden entrar
en un poema?   Uno es bastante,
pero depende, en parte, del tamaño
y de la capacidad instalada.

Los animales no se desaniman
con frecuencia, casi todos son más
dúctiles que uno:  
entran y salen de cualquier lugar sin 
imponer condiciones ni afectar la
función poética.

Algunos son más poéticos que otros,
pero cualquier animal  que pasa 
por ahí le agrega vida
al poema, si tuviera alguna.

Son tan útiles como indiferentes
a la utilidad que prestan, ofrecen,
entregan, arrojan o producen.

El volumen animado que circula
dentro del poema, confiere fluidez
a sus sentidos vitales y agrega valor,
si hubiera algo semejante.


II
Rebobinando:  la producción poética,
como la bovina, ovina, porcina o
aviar requieren sus recursos  (aunque
el consumidor final  perciba como algo
natural al producto acabado)

Por último, animales muertos
también son útiles para producir sentido
y revitalizar al poema que vacila:

La muerte siempre tiene algo que decir,
sigue siendo un sujeto valorado en la
producción poética, y constituye un
recurso renovable como abono.

Todos los metabolismos viven de otros,
como los poemas, y no está dicha
la última palabra.

Lecturas posibles

(Tomás Mercante)

Se escribe más de lo que se lee,
escribo.
¿escribí yo?
Me leo:  Sí, son mis caracteres, 
lo escribí y es posible que lo 
escribiera antes.

Sólo que ahora tengo más argumentos,
porque lo volví a escribir, aunque
también lo volví a leer:  Hace muchos
años alguien lo escribió.

No importa el autor, puedo olvidarlo
y volver a escribirlo.  ¿era exactamente
así?

No importa la literalidad, nadie busca
exactitud ni precisión en un texto
ocasional ni en la literatura.

No importa la autoría ni la autoridad,
seguro que tenía razón aunque yo no
lo supiera cuando lo escribí.

Me siento autorizado a reproducir
la idea aunque no me pertenezca.
No estoy seguro de que algo me
pertenezca, tampoco lo contrario.

Seguro que tenía razón.

Todos podemos tener razón
más allá de nuestras lecturas.

Me leo:  No hay otra razón para 
escribir.  Parece razonable que se
escriba de más.

Se puede escribir perfectamente
algo que nadie leerá.

No se puede afirmar que sea un
exceso