La inversión del dogma

(Epifanio Weber)


¿Cuántos dogmas necesita un hombre?
¿Cuántos, para conformar un buen
creyente autosuficiente?

No muchos más que un perro,
dijo una voz oracular que era
casi un maullido.

¡Oh, my God!

Viejos dogmas resisten
y compiten con los nuevos
emprendimientos dogmáticos.

La creación es un acto de fe:
Un creador sano debe creer
en lo que crea, la vocación
se alimenta de la fe.

II
La creación es un acto de fe,
pero ante todo es inversión:
El creador invierte tiempo
y energía en un objeto.

El Creador invirtió en nosotros
-su rebaño-

(Invirtió parte de su tiempo en
crearnos, aunque tenía mucho.
Invirtió energía divina, recursos
e invirtió Amor:  Todo eso tiene
de sobra.
Tampoco tenía muchas opciones
para invertir entre tanta tiniebla)

Agradecemos la inversión.


III
La inversión es un acto de fe:

Invertimos todo el día
para obtener la noche.

La noche la invertimos en sueño
y reposo para recuperar energías
vitales y emprender el nuevo día.

Podemos invertir:  Según como
hayamos invertido nuestro día,
sucederá la noche.

Invertimos la vida
para anochecer en paz,
sin tener que temer ni temblar.


IV
Es conocido, el caso de un emprendedor
errante, que estaba en la ruina, carcomido
por las deudas y a punto de claudicar y
caer en el vicio y la abyección.

Pero un creyente se compadeció, creyó en
él: le ofreció su casa de campo, y le confió
unos valores para que los trabajara, y alguna
hacienda para que administrara y se 
entretuviera en algo útil.

El emprendedor moroso supo invertir, creció
su fe, y no solo canceló sus deudas sino que
pudo invertir su condición deudora que tornó
acreedora y reembolsó con creces la suma al
creyente.

Amasó una fortuna, hoy tiene inversiones
diversificadas en casi todos los campos,
incluso en el campo de la fe:  Tiene su
propia Iglesia, donde recibe a sus fieles
y recoge los frutos del amor, de aquel
prójimo que supo creer en él cuando
nadie creía, y confió…

Gracias a la fe, el otrora moroso incobrable
recuperó el honor, la estima, el reconocimiento
público y el crédito.  Ahora es la envidia de
todo inversor sano:  Un ejemplo de lo que
puede hacer la fe, y de como el Amor vence
a la Mora.

V
El dogma de la inversión
mantiene su vigencia indeclinable,
mientras otros descaecen, pierden
adeptos, seguidores y anochecen
como cualquier feligrés.

Invertir en dogmas, siempre resultó
un buen negocio; una de las inversiones
más seguras junto a la producción de
armas.

Hay buenos pronósticos: 
La inversión dogmática mantiene
su ritmo y puede seguir creciendo
a niveles aceptables.

VI
No sabemos cuántos dogmas
necesita un perro; es probable
que algo más que un gato, que todavía
no desarrolló la capacidad de reconocer
que necesita un amo.

¿Nosotros tenemos suficientes?


No necesitamos una respuesta,
no necesitamos más preguntas.

La fe otorga todas las seguridades
que pueden necesitarse, para seguir
invirtiendo.

Aunque colapsaran todos los dogmas
estaríamos a resguardo: Sabemos, que
mientras haya inversión habrá futuro.

Los otros dogmas pueden caducar, 
no son muy relevantes y están sujetos
a la evanescencia de los mercados
(una buena metáfora para invertir)

La inversión produce más sentidos
de lo que se cree:  en un sentido
inverso,  es tan necesario invertir
como ser invertido.

Debemos ser capaces de atraer las
inversiones que necesitamos para
seguir creyendo, hasta que sea la
noche.


¡Oh, my Dog!
¡Oh, my Cat!

(los gatos son criaturas crepusculares,
gustan salir de noche)

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