Yo visité a Nímedes

(Dudamel Rambler)

Hola, Nímedes…

Ah, sos vos…
No me despiertes ni me desveles,
dejame que duerma sobre mis laureles.

Perdón, no estaría viendo ninguna planta…

Lo esencial es invisible a los ojos, como dijo
el príncipe.

El Principito…

Odio los diminutivos, ya deberías saberlo,
chiquito.

Lo siento, no era mi intención perturbar
tu sueño.

¿Qué sueño, pelotudo?

Dijiste que dormías…

Ni me desdigo ni me contradigo.  Dormir,
no es soñar  ¿Hace falta que te explique la
diferencia?  ¿Hace falta explicar que es una
metáfora?

No, faltaba más…

Sí, falta mucho, corazón, pedazo de mamífero
¿Quién sos vos para determinar lo que falta o
no falta?

Bueno, es un formulismo, no era la intención;
no lo pensé en ese sentido.

¿Qué sentido?  Yo no siento nada…
¿Desde cuando pensás?  ¿Sabés lo que me
importan tus fórmulas?

No importa, sólo pasé a saludarte.  Si preferís
me voy. Tus deseos son órdenes.

¿Y quién creés que sos para decidir lo que son
mis deseos? ¿Qué podés saber vos de eso?
Si alguien puede decidir cuáles de ellos son
órdenes, y ordenar en consecuencia, soy yo.
Y si quisiera echarte, ya lo hubiera hecho, 
cosita…

De acuerdo. Entonces, no te es indiferente mi
presencia…

No, ni eso.  Te faltó decir en qué puedo servirte.
Pero te entiendo, pequeño renacuajo, las musas
sabemos que somos irresistibles.  No es nuestra
voluntad despertar deseos inferiores que nos
exceden… Estamos más allá de eso, somos algo
más que un cuerpo perfecto, aunque no creo
que lo entiendas.

Entiendo, entonces me quedo…

No, no entendiste:
Ahora vestite y andate.

***

De "El amor, un sentimiento inexplicable
       entre otros"

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