Aspiraciones clandestinas

(Carlos Inquilino)

Legítimos epígonos
deponen sus virtudes
errátiles y estériles

La unión de las especies 
más virtuosas y silentes
concomita  más que el hábito
del resiliente avezado, en
condiciones arbitrarias.

Lo que une los cuerpos 
no es el amor:  es más fuerte
y amorfo.

Vuelvo al hábito y me uno
a la oración armada
encadenada a un lirio
submúltiplo de dios
que enbuenahora se ciñera
al cuerpo del poema
a la molécula legítima de barro
primordial, o al Cisne
de Cisneros 

Pero para ser sincero
las leyes
son para el que las leyó

¿quién oyó?   ¿quién osó
reconvertir el ojo del Amo
en órbitas concéntricas de
carne cadavérica de alta gama?

El destino evoluciona
sin prisa ni motivo,
abraza alguna causa mientras puedas:
todas sirven, y todas se degradan.

Ninguna es del todo justa ni injusta.  
La justicia es pura aspiración:

Las aspiraciones humanas no son puras,
pero aspirar es sano y es legítimo.

Quien no tiene aspiraciones, nada puede
esperar.  ¿Qué esperás para aspirar?

Sobran aspirantes, aunque hay mucha
aspiración dudosa.  Y claro, uno aspira 
a otra cosa.

Ningún cuerpo es lo que aspira
o incorpora.

La única aspiración imperfectible
o sana es la divina, que aún no 
conocemos y osana más allá
de nuestros verbos.

La verdadera dieta

(Asensio Escalante)

El equilibrio es triste
como sano,
escribo bajo este árbol
en estado de reposo.

Romper un equilibrio
es riesgoso, pero siempre se puede
inaugurar algo, aunque el tiempo
no acompañe, sin romper ni alterar
el equilibrio del paisaje.

Bajo este árbol inauguro el día:
tórrido, excesivo para octubre,
¿alerta naranja, amarillo, solferino?
otro día único e irrepetible.

Escribo en equilibrio
tengo para mi:
el equilibrio es triste
pero justo.

La justicia es una aspiración sana,
aunque no tenga mucha aplicación
y no sea más que una aspiración
-Hay aspiraciones que no aplican -

Siempre hay alguna aspiración
que inaugurar, se trate de un día
hábil, tórrido, excesivo,
e incluso único.

Cada quien es libre de encontrar
su propio equilibrio, respecto 
de otros o aspirar:

Aspirar es sano, más que no aspirar.
El sujeto sano, siempre encuentra
algo aspirable.

(Inspiramos profundo, luego exhalamos
mientras esperamos algo que nos inspire,
o bien, esperamos la inspiración)

El equilibrio no es triste:  es sólo una
condición provisoria que sucede,
ocurre mientras aspiramos a otra cosa.

El equilibrio no existe, fuera de la
percepción:  escribo en equilibrio
como sólo un sujeto puede hacerlo,
cualquier sujeto.

Para ser justo hay que ser objetivo:
Somos química, sinapsis, efectos residuales
de procesos metabólicos que reproducen
su equilibrio sin necesidad de conciencia.

El hombre más justo, es el hombre que come,
escribió el poeta cuando todavía comía.
Era francés, no sé si comía sano.

No sé qué es comer sano. Por fortuna,
la condición omnívora, que elegimos
en libertad, nos hace aptos para todo
consumo.

La manipulación cognitiva

(Horacio Ruminal)

Venimos a maniobrar,
entre manipulación activa y pasiva,
en un mundo complejo y acotado
por la manipulación histórica de los
recursos naturales, del conocimiento
y hasta de la propia Historia.

La manipulación evoluciona:  Desde
los primeros objetos, instrumentos,
herramientas:  armas.

El hombre comprendió que el poder
estaba en sus manos.  La manipulación
es un arma.

La manufactura artesanal dio paso al 
manejo de máquinas, la división del trabajo
y a formas más sofisticadas de desarrollo
de la manipulación.

Traiganmé todas las manos… Cantaba un
emprendedor emperdernido.


II
Sin manipulación no hay evolución:
Todo lo que somos, lo debemos al pulgar
oponible.  Oponerse a la manipulación
no parece algo sensato.

Luego, la evolución debe ser monitoreada
y manipulada en un sentido útil, 
y el único útil es el sentido productivo
(que conocemos gracias a la producción
de conocimiento)

Era ésto o el mono, la manada, la horda.

Elegimos este orden de causas y efectos
con sus costos y beneficios.

El costo social de la producción de sujetos
y/o contribuyentes, debe ser amortizado
por lo que producen.

Nada es gratis, coinciden formadores de 
precios y formadores de opinión.  Todos
podemos emitir y opinar en libertad, a
sabiendas que hay discursos opinables
o punibles:  Hay que saber moverse y
maniobrar en el mundo discursivo.

Aceptamos de buen grado que todo tiene
un costo, en el orden de lo manipulable.
Sólo las causas justas requieren aportes 
solidarios.


III
Todo sujeto es un miembro. Como tal,
es objeto de múltiples manipulaciones.

La manipulación bien entendida
y ejercida, no tiene por qué ser percibida
como algo negativo.  Es más: no tiene
por qué ser percibida.

Todos podemos manipular y ser manipulados. 
Cualquier miembro que se precie, acepta
y comparte este enunciado.

Un miembro sano y competente, es libre
de depender de quien quiera y acepta
como algo natural la competencia.

Un miembro sano y competente
se muestra siempre dispuesto
a ser manipulado por una mano
experta.

El fusible resiliente

(Amílcar Ámbanos)


Era un fusible noble, sano, núbil
y subsensible a casi todo.

No era el único, pero era irrepetible
como unidad genérica.

¿Se autopercibía?

No lo sé, estaba en condiciones 
de afirmar, no hay suficiente evidencia.

(Cuando no hay pruebas, hay que probar:
todos tendríamos que probar todo,
para hablar con fundamento y no repetir
en vano. Afirmaba un ensayista autorizado)

La libertad de emitir
conspira contra aquellos
que aspiramos a la verdad.

La producción de verdades
reconoce estos límites
deseables para el conocimiento
objetivo.

Cada uno es libre de autopercibir
como verdad, aquello que desée

(El deseo es capaz de adjudicar sentido
verdadero a cualquier cosa)

Cada uno es dueño de sus límites
y de tramitarlos en un sentido productivo
o verdadero.

Cada uno, es libre de autopercibirse:
verdadero o falso.

La realidad, como sujeto, es lábil,
imprecisa y permisiva:  permeable
como la propia condición del sujeto.

El intercambio de experiencias sutiles
o útiles, no redunda en la producción
de verdades.  Pero emite corrientes
de opinión.  Hasta que la verdad 
salte a la luz, o no:

Hay recursos probados y aprobados
para evitarlo.

Era un fusible noble, sano, soberano
y núbil, subsensible a casi todo.

En libertad me fundo: 

No alcanzó a completar la frase
y se fundió con todo éxito.

La información precisa

(Tomás Mercante)

La ciencia no se detiene:
Lograron trasplantar con éxito
un riñón humano a un cerdo.

El paciente guarda reposo, 
evoluciona favorablemente
y se muestra de buen ánimo.

Hemos dado un paso importante
que abre nuevos caminos y
oportunidades  para el futuro, con
el empleo de técnicas avanzadas y
tecnología amigable con la Naturaleza:

Afirman los facultativos, que junto 
al donante, expresan optimismo
y esperan obtener un jamón altamente
competitivo para los mercados
internacionales.


II
La identidad del donante se mantiene
en reserva, aunque se trataría de un
emprendedor exitoso.

Las expectativas están puestas en la
transferencia de información genética
que dotaría al receptor de un potencial
de competitividad inédito para su especie,
posicionándolo en los más altos niveles
del mundo desarrollado.

El empresario confía en el éxito
de su emprendimiento:  Los cerdos son
criaturas inteligentes, sensibles, afectuosas,
pero no muy competitivas.  

No hay como un chancho del propio riñón.

Almas impares

(Aquino Lamas)


Es como…

El sentido analógico suele resultar
útil, aún para resaltar la inutilidad:
comparar, equiparar algo a un
absurdo, o imposible, realza
la vanidad del primer término.


Es como pedirle pares al alma,
escribía un falsificador autorizado.

(La comparación se multiplica, en
relación a la frase conocida y connotada,
y la aparición del alma: ¿fruto o árbol?)

Pero uno espera,
pensé mientras citaba
la paráfrasis:  La paridad
es una buena aspiración, dentro
de todo lo aspirable, y suele
resistir el paso del tiempo,
como los árboles.

¿Tienen alma los árboles?

Creo que sí  ¿por qué no?
Es de esperar que sí, toda alma
es libre de creer y esperarlo todo.

Si hay un alma sincera, o la hubo
nunca se sabrá, como nadie sabe
lo que le espera.

La aventura de esperar
no requiere autorización,
cada alma es soberana
a la hora de esperar: 

Algunas esperan alguna autorización,
otras ni eso, pero lo último que se 
pierde es la esperanza, dicen…

Hay una cantidad de almas en espera,
sin darse por perdidas.

No sabemos si hay almas pares
o son todas impares.  Sabemos 
que no se reproducen, por tanto
no necesitan aparearse ni dividirse.

Hay opiniones divididas 
sobre la utilidad de la espera: 
Con esperar no se pierde nada.
La espera es tiempo perdido.

Por el contrario, no hay opiniones
divididas sobre la utilidad. 

Perder y ganar, son verbos populares
vinculados a la utilidad: se gana y se
pierde.., pero a veces se empata
y aparece la paridad, que puede resultar
un buen negocio, pero no goza 
de valoración entre las almas nobles
que aspiran a la gloria del triunfo.

Las almas pueden esperar, no tienen
una vida útil que las limite. 

No conocemos los límites del alma,
y hasta es posible creer en falsificadores
de almas, e incluso aspirar a encontrar
a quien falsifique lo mismo que nosotros.

¿Existe el alma gemela?

Sí, hay unas cuantas,
sólo que están en otra parte.

(Tal vez esperando autorizaciones)

La cita apócrifa

(Epifanio Weber)


No solía citarme
sin necesidad.
Pero tiene cara de hereje
la necesidad, y los herejes hijos
que olvidan los mandatos y
corren los ejes.

Ahora escribo de memoria,
y si la técnica vacila
confío en la memoria: ella sabe
administrar los recursos y vicios
propios de cualquier iniciado
que se precie.

Recuerdo, uno de los mejores
poemas apócrifos de Borges
que leí:   Usted preguntará por
qué citamos, ensayaba una cerrada
defensa de la cita, y de la cita
apócrifa en particular, que me
hizo reflexionar y revalorar a Borges.

El frecuentaba la cita, hay profusos
estudios al respecto y, al parecer, la
mayor parte de esas citas inverificables
no era apócrifa.

No sé si eso le agrega valor
o se lo resta, aunque me inclinaría
por lo último.

Citar es fácil, ni siquiera hace falta
haber leído mucho. Yo lo hago con
frecuencia, si haber leído casi nada,
y suelo repetir algunas sin ninguna
culpa  (En algún caso, puedo no
conocer del autor más que esa cita.
¿No es suficiente?)

Pero hay quienes cuestionan, o rechazan
este recurso, y lo perciben, en Borges,
como una ostentación de erudición, un
exceso: Está bien saber, pero no así hacer
ostentación de lo que se sabe;  quien sabe
demasiado, debiera procurar ocultarlo.

Yo no creo tal cosa, por el contrario, es
destacable que cuando Borges habla o
expone lo hace siempre en un tono
sospechosamente humilde.

Más allá de esa humildad, auténtica o
no, él sabía que no escribía para todos,
algo tan improbable como impracticable,
ni para el gran público, ni para un lugar
o una época acotados.

El escribía para la posteridad, y hay que
ser muy humilde para eso.

Usted preguntará por que citar…

La profusión de citas diversas, no sólo
refleja la posesión de una cultura universal,
sino que permiten al autor entablar un
diálogo con otros tiempos, épocas y lugares
remotos de la cultura; de modo que esos sujetos 
tan lejanos, misteriosos, que casi nadie conoce,
al ser citados elevan al citante a una categoría
distinta entre los sujetos: uno que nos excede
a todos, un sujeto inasible y superior, que
contiene a todos los sujetos que tejieron la
cultura, pensaron todo lo pensable, emitieron
juicios, poemas, tratados filosóficos, volúmenes
que dieron forma y volumen a la Historia de la 
civilización.

Sí, citar puede ser excitante, hay material
suficiente como para crear otros mundos,
tan reales o ilusorios como éste.

Pero no es tarea fácil, hay que tener recursos
y saber usarlos.  Dime a quienes citas y te 
diré…

Hay que saber calibrar, para que el peso de la
cita no opaque el texto propio.
Una cita, debe ser competente, saber confrontar
con otras en un mismo tejido:  Las buenas, se
imponen y hegemonizan  (es preferible, muchas
veces, una cita dudosa)

Hay que saber, también, que la cita es una forma
de reconocimiento: Citar es confesar “Este señor
pensó algo que yo pienso, pero lo expresó mejor
de lo que yo podría hacerlo”

Al cabo, todos escribimos para ser citados, dijo
alguno de los tantos que se ocuparon del tema
y ahora no me es dado recordar, aunque sí citar.

Pero pocos lo consiguen, en fin. Es más común
citar que ser citado.

Citarse a sí mismo resolvería la cuestión: 
Nadie me cita, y bueno.., puedo hacerlo
yo.  Pero no es una opción que goce de
valoración en el mundo literario.

Pero hay un atajo:  desandando todo lo
enunciado volvemos al punto de partida,
¿el grado cero de la cita?

Sí, la cita apócrifa es la opción superadora
que lo resuelve todo. No sólo es un recurso
poético, sino tal vez el más interesante como
acto creativo:

El ejercicio de desplazarse en el tiempo y el
espacio, elegir la procedencia y dar vida a
ese autor imaginario, que sólo el creador
sabrá que lo es.

¿Quién más podría detectarlo?
¿Cuántos personajes que nadie conoce y 
pudieran haber emitido algo interesante,
o, al menos, citable?
¿Quién conoce todo lo que existe?
¿Qué es un engaño?
¿Qué es el arte?

No nos engañemos, muchas de las citas 
que circulan y frecuentamos, son atribuídas
a autores reconocidos, que posiblemente las
tomaron de otros menos conocidos.

Por el contrario, las apócrifas son creaciones
auténticas, genuinas y honestas. No le deben
nada a nadie, o en todo caso su deuda es con
un autor apócrifo, o sea: una falsa deuda.

Por último, el que inventa su propia cita
no parasita.

Creo en la creación apócrifa
como el punto más alto
de la creación humana,
y también el más democrático:  

Ya lo dijo Demócrito, citando
a Hermes Trismegisto:

“Todos podemos citar y ser citados,
  frecuentar toda cita y cultivar
  la cita apócrifa, aunque no todos
  somos capaces”

Reproducción

(José Luis Greco)



Mientras como mí ensalada 
procesada (para no perder más tiempo 
del razonable, masticando), 

una ensalada que incluye hongos (son 
buenos para prevenir el Alzheimer)

mí hijo revisa la heladera
y tira los hongos.

¿Estaban feos?

Están llenos de hongos, me responde.

(Pienso, hay cosas que ya no puedo ver)

Pierdo la vista,
pero mantengo una visión crítica
de todo.

Esto no es un poema

(Aquino Lamas)


¿Cómo sé que soy un poema?
Preguntaba el poema vacilante -y por
tanto sospechoso-  al arribar a un mundo
poblado de sospechas y poemas.

¿Y tú me lo preguntas?
Repregunté, para citando ganar tiempo
y elaborar una respuesta no tan
improvisada  -es algo natural improvisar:
casi todas las respuestas que emitimos
son improvisaciones-

Mi respuesta no pareció satisfacerlo,
sospeché que le resultó sospechosa
-como suele ocurrir con las respuestas
que preguntan-

Mientras el poema vacilaba, pensé
otras respuestas disponibles:

-Nunca lo sabrás.
-Hay preguntas que no tienen respuesta.
-Para qué quieres saberlo, mi linda
 flor de ceibo.
-Menos averigua Dios y perdona.

Y otras tantas, que descarté por ésta:

No hace falta ser poema para ser,
ni siquiera tener título habilitante
ni categorización alguna.
No hace falta tener nada para ser
alguien o algo: 
el alga no sabe que es un alga,
pero es;  no tiene que aspirar 
a nada para nadar y ser.

Un poema es muchas cosas
y otras tantas que no es.

Para verificar su cumple
toda condición poética, habría
que recurrir a la autoridad de
aplicación.

Pero los poemas genuinos, verdaderos,
no preguntan qué son ni cuántos son
(aunque pueden preguntar cuánto es
y formular otras preguntas)

Saben, que un poema que pregunta
demasiado, es siempre sospechoso.

Cuando evacuando…

(Tomás Mercante)


¿Ahora es cuando?

No sé, me dije y lo agendé
(nunca nadie marcó mi agenda,
nunca dejé)

Son las once, es tiempo
de evacuar
tanta duda acumulada
por generaciones.

(Se genera más de lo evacuable)

Son las once, no creo en números
primos  (hace décadas que no veo
a mi primo y viceversa, no soy muy
afecto a los lazos de sangre: confío
más en los de baba u otros lubricantes
naturales)

Evacuando:  ¿Nacer es evacuar?
¿O sólo su segunda inversión?

(Con Eva nace la metonimia, 
luego Evita dignifica con metáforas
descamisadas: la dignidad, está ahí,
en el diminutivo, aunque genere
algún rechazo: grasitas, cabecitas)

Nacer, morir, no son opuestos
complementarios, por el contrario:
Todo es inversión.

Se nace por inversión:
Para que algo nazca, 
primero hubo que invertir.

En un principio no hubo nada,
ni materia, ni luz, ni viento, ni
conflicto de intereses:

Todo era tiniebla,  
Hasta que llegaron las inversiones,
tuvo lugar la inversión divina y se vio
que era bueno invertir  (aunque no hay
evidencia científica)

Evacuando:  Colón no paró el huevo.
El huevo no se para, carece de miembros.
La erección es un hecho biológico, físico,
producto de la inversión inteligente:

el cerebro, con el estímulo adecuado,
decide invertir un volumen de sangre
en una zona acotada, hasta lograr la
consistencia deseada por las partes
(El deseo es un recurso de la biología
para reproducir funciones: hay que ser
funcional, los deseos son órdenes)

Evacuando:
Nadie nace de un gerundio,
aunque el movimiento se demuestra
andando  (entrando y saliendo de la
ecuación semántica, hasta la evacuación)

¿Qué es lo que queríamos demostrar?

No, no tenemos nada que demostrar.
Hay parteras, obstetras, encargados
y ayudantes que coadyuvan a que nazca
el destinado. Hacen nacer.

Así, a pura inversión, nace
la industria del conocimiento, 
como antes fue la industria de la fe.

El conocimiento divino, abreva en los
principios y legados de la fe

 (adoptamos la posición erecta)

Eructamos, evacuamos, emitimos,
imbuídos en esta fe que nos encarna:

encarnamos para poder desencarnar.
El Verbo Encarnado, carnadura
celestial, trasciende nuestra condición
material.

Somos pura inversión,
venimos a invertir y a evacuar
para volver a invertir.

...


Fe de erratas:  
Siempre es un buen recurso, la rata;
criatura divina que nos acompaña 
desde siempre; nuestro ancestro
mamífero enriquece cualquier texto
y puede salvar un poema vacilante:
Se adapta a todo paisaje y condición,
como los animales emisores que
evacuan poemas y desovan sus
inversiones.

No estamos solos, hay más de diez
ratas por poeta vivo  (los muertos
no cuentan)