Protocolo para incorporar ruiseñores al poema

(Ricardo Mansoler)

Si un ruiseñor o más
asoma a tu ventana
no preguntes cuantos son
los sentidos del poema.

Si un ruiseñor risueño, o más
frecuentan tu ventana
no averigües por qué ríen:
nada es motivo permanente
para reírse, y todo lo es.

Si un ruiseñor o más
se acerca a tu poema
y abre una ventana, no graznes
ni goznes ni rebuznes
en señal de aceptación:

El ruiseñor, como la risa
y los sueños, no necesitan 
ser aceptados.

No le preguntes si puedes compartir
su risa en el poema risible.
No compartas tus preguntas:

Armar una lista de preguntas
para el ruiseñor, puede servirte 
en el futuro, para hacer un poema
(el futuro está colmado de poemas,
pero es incierto)

Pensar en el futuro, es tiempo perdido
para el poema presente, que está 
pidiendo resolución mientras declina
ante la risa del ruiseñor.

Hay que tener presente: 
el tiempo perdido en el poema,
no se recupera.

No le preguntes por qué ríe,
ni por qué canta o deja decantar.

No le preguntes por qué cantamos:
El canto no tiene razón
ni sentido, como la risa del ruiseñor
y los poemas.

Por último, 
no le digas señor ruiseñor; 
él no sabe que es un ruiseñor 
y ni siquiera conoces su sexo

(Sí, los ruiseñores tienen sexo,
como los poemas:  cuando no 
lo tienen lo piden a gritos)

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