El odio

(Horacio Ruminal)

El odio absoluto no existe:
Aún los seres más abyectos
suelen frecuentar sentimientos
encontrados.

Los sentimientos humanos
están hechos de contradicciones
y tensiones que pueden alcanzar
diversa intensidad.

La naturaleza séptica del ser
hace imposible un odio libre
de contaminación.

No somos conscientes de toda
la contaminación que consumimos
y producimos, incluso al consumir.

Producir contaminación es un pleonasmo:
La contaminación es un valor agregado
de la producción, pero gracias
a la producción de conocimiento, sabemos
que toda producción contamina, incluso la
producción de conocimiento.  

(El conocimiento, es un camino sin
retorno, no podemos desconocer)

II
Con respecto al odio,
hay sensaciones encontradas.  Pero nadie
encuentra solo lo que busca:

Buscadores de prestigio, cazadores de fortunas,
rastreadores de tesoros y emprendedores
de toda laya suelen no llegar a destino,
pero encuentran otro.

Conocemos el valor de las oportunidades,
los desafíos, la aventura de asumir riesgos
y conocemos la serendipia  (Si no fuera por
las palabras, hay cosas que no existirían)

III
La Neurolingüística no puede aislar al gen
patógeno del lenguaje, ni se lo propone;
en cambio, establece el Cerebrocentrismo
y produce Neuropolítica, Neurociencia,
Neuroeconomía, Neuropsicología y
Neuroarte, junto a la Neurofilosofía.

La Neuropoesía libera endorfinas,
y nos libera de los malos hábitos poéticos,
como el vicio recurrente de la repetición
y el vicio de repetir en forma recurrente
la palabra vicio, y aquellas que se asocian.
Libera al libertino y al novicio, y vuelve
todo a su lugar de inicio:
La poesía es un servicio,
nos libera de las aspiraciones neurotóxicas
y del ocio mal tramitado.


IV
El odio absoluto no existe, no se puede
odiar a todos por igual: hay que discriminar.

Hay que volver al odio primordial,
a la noción nociva,  hay que
aumentar el IVA,
hay que gravar el aire y el uso
de la gravedad, y controlar el contenido
de cada aspiración desmesurada
o excesiva.

V

Empatizar con el odio:

¿Sabías que el odio es un sentimiento vital,
más antiguo que el amor, y produce cosas
mucho más interesantes, no sólo en la
literatura y en el arte?

No goza de buena prensa, es verdad, como
tampoco la verdad, pero ha inspirado las
mejores obras.

Hay músicos que odian la música, futbolistas
que odian el fútbol, y lo mismo ocurre en
otras disciplinas.  No les va mal…

Es conocido el nombre del tenista
que odiaba el tenis, y llegó a la cima
con su odio.  Fue el mejor, reinó por algún
tiempo en soledad y hasta conoció el amor:

Una tenista germana, tan exitosa como él
que supo reinar en soledad por cierto tiempo
y también odiaba el tenis.

¿El amor es más fuerte?
No, los unió el odio, que es más antiguo.

¿El amor como el éxito del odio?

Hay amantes que odian el amor,
prefieren el sexo puro y duro.

¿Puro y duro?
¿Cuánto dura esa pureza?

Me acojo al beneficio de la duda.
El odio absoluto no existe, oí dudar
a un músico reconocido.

(El reconocimiento, al igual que la fama,
no es algo bueno en sí. Puede responder a
una valoración positiva, tanto como negativa:

Tengo mala fama… Pero no son lo mismo:
la fama está asociada al éxito, algo tan
azaroso como efímero, mientras el reconocimiento
supone otros méritos o virtudes, menos dudosos,
que pueden trascender la banalidad natural de
gustos y sentimientos populares.

Un escritor reconocido, decía que la fama
es un exceso de reconocimiento, y el éxito
una forma excesiva de aceptación,
quizá la peor.

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