Líder positivo

(Epifanio Webber)

Creo que no merecimos ganar,
el resultado es engañoso, no
refleja lo ocurrido en el campo
de juego, donde fuimos claramente
superados.

Pero el fútbol es así, imprevisible,
y eso es lo bueno de este deporte:
no respeta méritos ni lógica, no se
impone necesariamente el mejor.

Por eso nos apasionamos, 
es lo suficientemente injusto como
para ser un sentimiento, un juego,
una pasión, un espectáculo, un
negocio y el deporte más popular
de las mayorías humanas.

Las pasiones no son justas,
son arbitrarias, son pasiones.

Lectura e Interpretación

(Ester Miño)


El problema de la comprensión excesiva

Tomemos una frase conocida, de
apariencia inocua y pretensión aforística,
celebrada por muchos como feliz
y pedagógica:

           No le des pescado,
           enséñale a pescar.


Como suele ocurrir con estos artefactos,
hay más de un sentido, como también 
ocurre en la publicidad y en la poesía…

Una lectura real y rigurosa, ajena al sentido
común, descubre el velo de la metáfora, y
revela la verdad oculta tras la cubierta
metafórica e ideológica:

             No le des cadáveres,
             enséñale a matar.


¿Las metáforas nos hacen más humanos?



(Táchese lo que corresponda)

Tal parece, sólo los humanos las hacemos
y disponemos:  disponemos un sinnúmero
creciente.  

La metáfora es un recurso humano.

Hay palabras que son, en sí mismas, metáfora:
dicen más de lo que nombran, emiten sentidos
de amplio espectro, rebosan utilidad.

Recurso retórico, poético, ideológico…
La metáfora como recurso.
El recurso como metáfora.

(Táchese lo que no corresponda)

Hay metáforas que se corresponden, sin 
fisuras, con la ideología que nos ocupa y
sostiene el sistema de control en curso:

Recurso, es todo lo que es, incluyendo toda
forma de vida conocida y por conocer,
sin excluir al sujeto hablante, deseante
y obediente.  Cuando hablamos, aceptamos,
todo discurso se vale de recursos, que 
permiten aumentar su valor de uso.
Recursos que son medios, para un fin que
es otro.  

¿Quién es el Otro?

No hay otro:  Todos somos recursos humanos.

Hay metáforas más intachables,
tachonadas de brillos altruístas
y nobles sentimientos humanistas:

    “Los animales nos hacen más humanos” 

Como metáfora, es inobjetable, produce sentido
por los cuatro costados y permite distintas lecturas.
Como aforismo, luce tan perfecto como irrefutable.

Sin embargo, desde la lectura rigurosa
o comprensión excesiva, es dable interpretar:

Los humanos no somos animales, la frase
lo recalca por si hiciera falta. Pero éstos, son
un recurso para aumentar nuestro tenor
humano que, como sabemos, es bastante bajo.

Luego, la condición humana, cuya superioridad
está fuera de discusión, puede ser incrementada
incorporando materia animada a nuestro
metabolismo superior.


Una dieta sana, debe contemplar
todos los nutrientes que requieren
nuestras aspiraciones esenciales,
metabólicas, tan humanas
como la agregación de valor
y la producción de metáforas.



Disponemos de un sinnúmero de metáforas,
podemos elegir, según la necesidad, el
interés y el orden del discurso.

El que quiera comer peces,
en las góndolas encontrará todas
las variedades disponibles.

O bien, que se arremangue
y pesque su propia metáfora.

VOCES DEL EXTREMO

documentos de pensamiento radical

lunes, 14 de junio de 2021

Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. (frag. III)

mentes por todas partes

Cuando nos pusimos a estudiar a los grandes simios, descubrimos elevadas capacidades cognitivas.

Cuando nos pusimos a estudiar a los cetáceos, descubrimos grandes capacidades cognitivas.

Cuando nos pusimos a estudiar a los elefantes nos sucedió lo mismo. Hemos ido viendo que en realidad todos los mamíferos somos bastante parecidos en cuanto a muchas capacidades emocionales y cognitivas básicas. Y también nos quedamos asombrados al considerar las habilidades de aves como los córvidos o los loros… Y ¿qué decir de la “inteligencia extraterrestre” del pulpo, ahora tan estudiada?[i]

En realidad nada de esto debería sorprendernos —si tenemos una visión evolutiva de la realidad—. Las capacidades emocionales y cognitivas de los seres vivos evolucionan a lo largo del tiempo, y las diferencias que encontramos entre unas clases de seres y otras son de grado —no se trata de naturalezas diferentes—. Compartimos una historia evolutiva común en el seno de la Madre Tierra. Todos los animales somos hermanos, se titula un libro que escribí hace años.

¿Y las plantas? Un defensor de los animales tan destacado y meritorio como Peter Singer nos pregunta: si un árbol no puede sentir nada, ¿puede importarle al mismo árbol ser talado?[ii] Pero ¿está tan claro que ese criterio de sintiencia se detenga en el mundo animal? También hace poco tiempo que nos hemos puesto a estudiar las capacidades “avanzadas” de las plantas, y lo que se ha ido descubriendo nos deja atónitos. No cabe seguir considerando a las plantas como pasivos autómatas orgánicos. Sienten e integran información procedente de docenas de variables ambientales, y usan este conocimiento para desarrollar comportamientos flexibles. Por ejemplo, pueden reconocer si otras plantas cercanas son de su misma especie o foráneas, y adaptar a la situación su búsqueda de nutrientes y energía. Pueden reconocer a predadores y desarrollar estrategias de defensa (por ejemplo, sentir que se acercan orugas peligrosas y segregar aceites repelentes como respuesta). Pueden comunicarse entre sí, y con otros organismos (como microbios y parásitos), usando una variedad de canales (incluyendo el impresionante medio subterráneo que forman las redes de micorrizas). Desarrollan formas de memoria…[iii]

Tiene todo el sentido hablar de “las mentes de las plantas”, aunque éstas sean bastante diferentes de las mentes animales. “Todos los seres vivos, incluso las plantas y los microorganismos, perciben. Para sobrevivir, un ente orgánico tiene que percibir; debe buscar, o al menos reconocer, el alimento y evitar los entornos peligrosos. Para percibir, un ser vivo no necesita ser consciente.”[iv] Percepción, sensación y elección se dan no sólo en los seres humanos, sino en todas las formas de vida terrestre. Gaia está llena de mentes de muy diferentes clases.

Esto nos lleva a una constatación sencilla: la visión del mundo animista, que solemos juzgar primitiva, en muchos aspectos resulta más adecuada que el mecanicismo que se impuso como acompañante de la física galileana-newtoniana. El mismo proceder de la ciencia analítico-reductiva, cuando lo llevamos a cabo de buena fe, sin ceder a prejuicios y sin olvidar los momentos posteriores de síntesis y recomposición del conocimiento,[v] nos lleva hasta este resultado: mentes por todas partes.

No somos máquinas: somos organismos vivos integrados en ciclos naturales de una complejidad exquisita. La analogía con las máquinas (los relojes en el capitalismo temprano, los ordenadores en el capitalismo tardío) nos confunde de manera extremadamente destructiva. El problema no es analizar las partes (de un organismo, por ejemplo): es olvidar que esas partes forman un todo, anidado en otras totalidades, y así hasta llegar a Gaia —la Madre Tierra.

almas que migran

El mito de la transmigración de las almas nos remite a verdades ecológicas básicas: hay muchas clases de seres animados en el mundo (con diferentes clases de mentes y sensibilidades), todos los seres vivos somos parientes evolutivos, y “todo está conectado con todo”.[vi] De hecho, nos dirá Tim Morton, la interconexión de todos los seres es el pensamiento ecológico,[vii] la clave de bóveda de la arquitectura intelectual más importante que necesitamos. (Él lo llama the mesh, la malla: “la interconexión de todos los seres, vivientes y no-vivientes”.)

Una intuición básica de Henry D. Thoreau, explica Antonio Casado da Rocha —uno de sus mejores conocedores en nuestro país—, es precisamente la interidentidad o interdependencia: necesitamos lo no-humano para realizar o preservar lo humano.[viii] Lynn Margulis y Dorion Sagan nos recuerdan que “desde el origen de la vida todos los seres vivos, sea directamente o a través de un circuito, han estado conectados”.[ix] Y George Monbiot remacha: “El estudio de los sistemas complejos revela la naturaleza como una serie de sistemas autoorganizados y autorregenerativos cuyos componentes están conectados entre sí de formas que, hasta hace poco, eran apenas imaginables. Muestra que, como el gran conservacionista John Muir propuso, «cuando tratamos de elegir algo por sí mismo, lo encontramos enganchado a todo lo demás en el universo». Lejos de hallarnos separados de la naturaleza o ser capaces de dominarla, estamos incrustados en ella, íntimamente conectados a procesos que nunca podemos controlar por completo. Eso nos permite, potencialmente, ver el mismo universo como una red de significados: una poderosa nueva metáfora raíz que podría, tal vez, cambiar la forma en que vivimos”.[x]

Y por todo ello no deberíamos pensar la vida en la Tierra bajo la imagen tradicional de la Gran Cadena del Ser, una jerarquía que culmina en la especie humana, sino más bien bajo la noción de holarquíaque acuñó Arthur Koestler (1905-1983), donde coexisten sin jerarquía seres menores en conjuntos mayores (partes que son también a su vez totalidades). La vida como un gran entramado fractal de seres interdependientes.

Esto de la transmigración de las almas parece de entrada, por tanto, un mito valioso. Serge-Christophe Kolm sugirió que el budismo supersticioso se distingue del budismo filosófico profundo porque el primero se toma literalmente la doctrina de la metempsicosis, y el segundo la considera en su dimensión simbólica.[xi] Mas este tratamiento del mito no es propio del budismo, sino de cualquier sistema de pensamiento: a la literalidad del mito, desde un punto de vista más avanzado, la llamamos superstición (pensemos en la resurrección de la carne para los cristianos, por ejemplo). Pero eso no anula el contenido de verdad del mito —cuando tal verdad existe.


[i] Peter Godfrey-Smith, Otras mentes, Taurus, Madrid 2017.

[ii] Peter Singer, The Expanding Circle, Clarendon Press, Oxford 1981, p. 123.

[iii] Laura Ruggles, “The minds of plants”, Aeon, 12 de diciembre de 2017; https://aeon.co/essays/beyond-the-animal-brain-plants-have-cognitive-capacities-too

[iv] Lynn Margulis y Dorion Sagan, ¿Qué es la vida?, Tusquets, Barcelona 1996, p. 32. Escriben también: “La vida es menos mecanicista de lo que nos han enseñado a creer; pero, puesto que no desobedece ninguna ley física o química, no es vitalista. Sentimos en nuestro fuero interno un alto grado de libertad, pero todos los demás seres, bacterias incluidas, también toman decisiones con consecuencias medioambientales. Almacenada y transformada en vida, la energía de la luz solar impulsa el crecimiento celular, el sexo y la reproducción de formas de vida muy similares. Quizá todos los seres vivos compartan nuestro sentido del libre albedrío. (…) Hasta en el nivel más primordial, la vida parece implicar sensación, elección, mente. (…) Los seres no humanos escogen, y todos los seres influyen en la vida de los otros” (p. 178 y 180).

[v] El problema lo tenemos con el mecanicismo, no con los procedimientos de análisis y reducción –siempre que se lleven a cabo de manera sensata—. Podemos —deberíamos— pensarnos como naturalistas no reduccionistas, a la manera de Hilary Putnam: “Sigo siendo una persona religiosa [dentro del judaísmo] y sigo siendo un filósofo naturalista. (…) Un filósofo naturalista pero no un reduccionista. Es sabido que la física describe las propiedades de la materia en movimiento, pero los naturalistas reduccionistas olvidan que el mundo posee muchos niveles formales distintos, incluido el de las acciones humanas moralmente significativas, y la idea de que todos estos niveles puedan reducirse al ámbito de la física creo que es una entelequia. Es más, como todos los pragmatistas clásicos, no veo que la realidad sea moralmente indiferente: la realidad, tal y como vio Dewey, nos plantea demandas. Puede que los valores sean creados por los seres humanos y las culturas humanas, pero creo que eso es así como consecuencia de demandas que no creamos nosotros. Es la realidad la que determina si nuestras respuestas son adecuadas o inadecuadas” (Hilary Putnam, La filosofía judía, una guía para la vida, Alpha Decay, Barcelona 2011, p. 19-20).

Este naturalismo no reduccionista está cerca del naturalismo poético de Sean Carroll: aunque sólo existe el mundo natural, hay más de una forma útil y significativa de hablar acerca del mundo. “El naturalismo sostiene que no existe más que un mundo, el natural (…). Naturalismo poético nos indica que hay más de una forma de hablar del mundo. Emplear un vocabulario de ‘causas’ y ‘razones’ por las que ocurren las cosas nos resulta natural, pero estas ideas no forman parte de cómo funciona la naturaleza en sus niveles más profundos. Son fenómenos emergentes, parte de cómo describimos nuestro mundo cotidiano. La diferencia entre la descripción de lo cotidiano y lo profundo surge de la flecha del tiempo, la diferencia entre pasado y futuro que, en última instancia, puede rastrearse hasta el estado especial en que se inició nuestro universo al poco del Big Bang” (Sean Carroll, El Gran Cuadro, Pasado & Presente, Barcelona 2017, p. 12).

[vi] Ésta es la primera “ley” informal de la ecología según Barry Commoner, de acuerdo con la cual “todo está conectado con todo lo demás”. La biosfera es una compleja red, en la cual cada una de las partes que la componen se halla vinculada con las otras por una tupida malla de interrelaciones. Las otras tres serían: 2) todas las cosas han de ir a parar a alguna parte. Todo ecosistema puede concebirse como la superposición de dos ciclos, el de la materia y el de la energía. El primero es más o menos cerrado; el segundo tiene características diferentes porque la energía se degrada y no es recuperable (principio de entropía). 3) La naturaleza es la más sabia (o “la naturaleza sabe lo que hace”, traducción del inglés nature knows better). Su configuración actual refleja unos cuatro mil millones de años de evolución por “ensayo y error”: por ello los seres vivos y la composición química de la biosfera reflejan restricciones que limitan severamente su rango de variación. 4) No existe la comida de balde. No hay ganancia que no cueste algo; para vivir, hay que pagar el precio. Véase Barry Commoner, El círculo que se cierra, Plaza y Janés, Barcelona 1973, p. 33-45.

[vii] Timothy Morton, The Ecological Thought, Harvard University Press 2012, p. 7. Como es obvio, el pensamiento ecológico entendido de esta forma queda muy cerca de la filosofía budista…

[viii] Antonio Casado da Rocha, “Pensar con Thoreau (siete tesis)”, blog Laguna, 15 de diciembre de 2017; https://1aguna.blogspot.com.es/2017/12/pensar-con-thoreau-7-tesis.html .

[ix] Lynn Margulis y Dorion Sagan, ¿Qué es la vida?, Tusquets, Barcelona 1996, p. 26.

[x] George Monbiot, “Stepping back from the brink”, 31 de enero de 2018; http://www.monbiot.com/2018/01/31/stepping-back-from-the-brink/ . Se trata de una reseña de un libro muy prometedor, The Patterning Instinct de Jeremy Lent (2017).

[xi] El budismo identifica una parte importante de las causas del sufrimiento humano en la dinámica mental –cuya teoría se describe, metafóricamente, como ciclos de “renacimiento”—. Kolm señala que creer literalmente en la metempsicosis o transmigración de las almas es una piedra de toque para detectar un budismo superficial o supersticioso. Para el budismo profundo o avanzado, la metempsicosis es sólo una metáfora de los cambios psíquicos del ser humano. (Si no fuera así, se daría una insoluble contradicción en el budismo: dado que éste defiende que no existe un alma o un yo en sentido sustantivo, ¿qué sería lo que transmigraría de un cuerpo a otro, en la rueda de las reencarnaciones?) Véase Kolm, Le bonheur-liberté (bouddhisme profond et modernité), PUF, París 1982 (segunda edición en 1994).

Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. Árdora Ed. 2021 Publicado por ANTONIO ORIHUELA en 9:26

El problema de la ambición

(Tomás Mercante)

La sana ambición
siempre llega a destino

(siempre o nunca, son opciones
intercambiables, adverbios funcionales
al orden temporal)

La sana ambición
nunca llega a destino

(Al orden sintáctico no le interesa
que llegue o que no, ni le interesa
el destino.  No tiene ambiciones)

Una ambición ambigua
puede terminar en un destino incierto.

Estamos destinados a observar
algún orden, si queremos acceder
a un destino.

Observar, obedecer, repetir:
los pasos para la producción de sentido
que animan la vida de cualquier mortal,
con o sin ambición reproductiva.

Obediencia sintáctica y energía genérica
(la energía debe servir a un orden, para
no dilapidarse: energía sin ética y orden
sintáctico)

II
¿Cómo saber que esta ambición es sana?

Hay dos vías:  Una, por el sentido
del movimiento aspiracional.  La ambición,
como es sabido, descansa en la musculatura
lisa y evoluciona hacia la flora neuronal
(otro movimiento involuntario)

La utilidad del movimiento acéfalo
es su propio goce: El goce, es ajeno
a los signos que producen sentido.
Es ajeno a la voluntad de contagio
del significante que nos ocupa  (todo cuerpo
es un significante)

El goce es ajeno por antonomasia
¿conocemos todos los antónimos?

Quien goza enajenando, acaba aislado
y solo o viceversa: no puede completar
el ciclo, ni reciclar su propia ambigüedad
intrínseca y endógama.

Quien solo goza en o de un sentido,
no busca otros y permanece ajeno al 
deseo del Otro, y del otrO.

La ambición, expresa una falta. 
La falta sólo pide obediencia.
Obedecer no es un problema,
el problema es no saber que se obedece,
ni saber qué se obedece.

III
Claro como el agua:

El agua, constitutiva de todo ser vivo,
es un compuesto, como el aire. 
El fluído elemental, no es un elemento,
son dos  ¡Ohh!

El agua es ambigua,
la ambigüedad fluye y constituye.
Todo lo compuesto es ambiguo:
ambiguo es el sujeto todo.
Su pura ambigüedad le hace fluctuar,
fluir, desear, ambicionar…
Sólo puede obedecer.

Es sano saber obedecer, en cierta medida,
esos verbos.  Medir es sano, preserva al
compuesto de la ambición desmedida, que
rebasa el límite de lo sano. Los límites son
sanos, conocer y reconocer los propios, es
propio del sujeto sano.  Tanto como tener
aspiraciones: No es sano vivir sin aspirar.
Hay mucho por aspirar, el espacio de las
aspiraciones es tan diverso como ambiguo
y viceversa.

IV
Todos podemos aspirar a todo,
somos libres de emitir cualquier aspiración,
dentro de los límites que ofrece la propia
subjetividad, observar su comportamiento
y hasta trabajar por ella en casos extremos.

El problema, son las aspiraciones desmedidas,
una fuente de conflicto para el sujeto sano, bien
compuesto y tramitado:  O son de imposible
realización, o algo peor:  que hacerlo implique
el perjuicio de otres  (Aunque el aspirante, en su
condición de sujete  -nótese el uso del lenguaje
inclusivo para resaltar su esencia ambigua-  pueda
encontrar los medios para justificarse, y hasta ser 
reconocido  -incluso por sus víctimas aspiracionales)

El sujeto sano sabe reconocer sus límites, no aspira
ni desea más de lo posible. Sabe limitarse y compartir
sus limitaciones, contribuyendo así a la evolución 
común  -una evolución limitada-

Conoce que es tan vano abrazar causas perdidas,
como sostener aspiraciones desmedidas.

Entre éstas, hay una que sobrepasa todo límite
sensato y constituye uno de los desvíos y desvaríos
más vanos que puede producir la conciencia del
aspirante ambiguo:

Aspirar a la unidad.
l

Celebrando el día del aspirante

(Luis Espejo)


Es vano santiguarse en una zanja,
en un zaguán, frente al espejo.

Sólo un zanguango ignorará
que la inversión cardinal
del orden temporal podría ofender
a casi cualquier divinidad.

No hay que ser capaz de todo,
supe leer entre  líneas 
en un poema superador
y superable.

Toda palabra, puede ser superada
por otra, no sin riesgo, para que
el poema se eleve y califique.

La consistencia deseada
no surge del deseo, es fruto
de un trabajo minucioso y sucesivo
y de sucesivos fracasos:  No hay que
temer esta repetición.

Es vano capacitarse, si no se califica.
Es vano  solicitar asistencia divina,
santiguarse en el zaguán y comer
mazapán en el vestíbulo, sin no se
posée capacidad para extraer calidad
de la mateira legible e ilegible que 
circula, y de la división del sentido
del trabajo.

No trabajes ni hiles,
aconsejaba el poeta en el último
verso del poema calificado.

El nihilismo, puede prescindir
de la colaboración divina, pero no
del trabajo necesario para que
sea el poema. 

¿Qué valor tiene el pensamiento
del que escribe para otros?
Muy poco, acaso tanto como el de
cualquier aspiración ocasional,
efímera, que pasa por el vano
de la lengua que nos emite y hace
emitir.

No alcanza con ser capaz de todo:
hay que hacerlo, y saber que siempre
está todo por hacer.

Hay que trabajar a conciencia,
aunque la sola conciencia no alcanza.

Trabajar cansa,
y alcanzar también.

La evolución de la carne

(Horacio Ruminal)

Hay estados que producen carne
para otros, exportan carne,
viven de su carne.

Otros prefieren importar carne
y dedicarse a otras producciones
más elaboradas, como la producción
de conocimiento.

Entre los consumidores finales,
el conocedor sabe distinguir
las distintas carnes y los mejores
cortes.

¿Cuántos tipos de carne conocemos?
¿Conocemos todas las carnes que
necesitamos?

Yo conozco dos clases de carne,
a saber:  viva  y  muerta.

Los animales humanos
la preferimos muerta,
somos parte de la fauna cadavérica
aunque supimos diferenciarnos:

Sólo nosotros la llevamos al fuego
-el fuego purifica-


II
Una vez obtenida la carne,
y la muerte,
sólo hay que saber si es apta
para consumo humano.

Luego, se cuece a gusto, se sirve
y a saborear:  ¡un aplauso para el
asador!


III
La digestión de la carne es lenta,
mientras metabolizamos, podemos
volver a ocuparnos del conocimiento.

¿Sabías que los productores de carne
están compuestos de carne, que se
reproduce y descompone a imagen
semejanza?

¿Conocemos todas las propiedades
de la carne humana?

¿Sabías que tu carne, sólo contiene
un 10% de células humanas?

Conocemos poco de la carne,
el conocimiento carnal
es una buena inversión.

Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. (frag. I)

una terrible conjetura astrobiológica

Una terrible conjetura sugiere que en los planetas con tectónica de placas y vida basada en carbono (o algo similar) surgen civilizaciones que, incapaces de aprovechar poco a poco el masivo tesoro energético concentrado en los combustibles fósiles, se precipitan al desastre climático —como nos está sucediendo a nosotros.[i] Los astrobiólogos como Adam Frank tratan de comprender y modelizar esas dinámicas.[ii]

Si esa conjetura terrible resulta ser acertada, ¿qué se interpone entre nosotros y ese destino letal? Estrictamente, nada más y nada menos que una creación cultural humana: la ética —con sus posibilidades de autocontención y autoconstrucción. Ser capaces de una “reforma intelectual y moral” (Ortega, Gramsci) bien orientada.

Y es que hay otra interesante respuesta a la paradoja de Fermi, que sugiere Christopher Ryan al final de su libro Civilizados hasta la muerte: si el sentido de la vida es vivirla (más que extraviarse en fantasías de dominación cósmica), quizá las formas de inteligencia distantes no envían señales a través del espacio porque, lejos de abrigar deseos de expansión galáctica, se encuentran bien donde están. Están “en casa en el universo” y aplicadas a la vida buena. Es decir, no tenemos noticias suyas porque han logrado culturas de autocontención viables en el seno de su propia Gaia, quizá reencontrando un ethos más cercano al de las culturas cazadoras-recolectoras que al del almirante Cristóbal Colón.[iii]

una ética sólo antropocéntrica no está a la altura

La economía ecológica quizá no basta para proporcionar una perspectiva económica completa: pero resulta indispensable para eso. Si hoy nos presentan un enfoque económico que no incluya una base termodinámica y ecológica, y que no trate la economía humana como un subsistema de la “economía biosférica” total, no hay que perder ni un minuto considerándolo: no sirve, no está a la altura de los desafíos teóricos y prácticos de nuestro tiempo.

El ambientalismo banal piensa que la cosa va de un poco más de contaminación o un poco menos… No, se trata de los niveles básicos de inserción de los seres humanos en la vida de Gaia. Sin nociones elementales de termodinámica y ecología (sin comprender lo que supone la tectónica de placas, la fotosíntesis, las Tasa de Retorno Energético, los paleoclimas, las simbiosis anidadas…) resulta fácil seguir encerrados intramuros de la ciudad humana. Nuestra ignorancia letal.

La economía ecológica quizá no sea suficiente para proporcionar un enfoque completo, pero resulta del todo necesaria. Análogamente en ética. Hoy una ética que sea sólo antropocéntrica, que no sitúe al ser humano en el marco de la miríada de relaciones que mantiene con “los diez mil seres” (como nos diría la tradición china), sencillamente no está a la altura de los problemas teóricos y prácticos de nuestro tiempo. Como nos recuerda Carmen Velayos: “La ecoética se centra en las grandes preguntas del ser humano desde tiempos antiquísimos, aunque es verdad que parte de la filosofía, pongamos en el siglo XX, despreció estas preguntas y así pudo pensar a un sujeto aparentemente descorporeizado y desnaturalizado, tan sólo como sujeto social. El resultado ha sido terrible e injusto con una parte fundamental de nuestro ser, que es profundamente relacional. No me queda más remedio que utilizar una cita de Víctor Hugo que ya he recogido en otra ocasión: «La filosofía se ha ocupado muy poco del hombre fuera del hombre, y no ha examinado más que superficialmente y casi con una sonrisa de desdén las relaciones del hombre con las cosas y con la bestia, que a sus ojos no es más que una cosa. ¿Pero no hay aquí abismos para el pensador? (…). Existe en las relaciones del hombre con las bestias, con las flores, con los objetos de la creación, toda una gran moral todavía apenas vislumbrada, pero que acabará abriéndose paso y que será el corolario y el complemento de la moral humana».”[iv]

Lamentable, pensar la ética como una suerte de algoritmo maestro del bien y del mal. En vez de eso: darnos cuenta de que se trata de modos de vida elaborados culturalmente (y deseamos: críticamente) por las diversas comunidades humanas que habitamos la biosfera terrestre… Pensar en el ethos antes que en las mil sutilezas de los derechos y las obligaciones.


[i] Adam Frank, J. Carroll-Nellenback, M. Alberti M y A. Kleidon: “The Anthropocene generalized: Evolution of exo-civilizations and their planetary feedback”, Astrobiology vol. 18 num. 5, mayo de 2018; doi: 10.1089/ast.2017.1671; https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29791236 . Síntesis en Lindsey Valich, “Are all societies destined to destroy themselves?”, Futurity, 7 de junio de 2018.

[ii] Véase Adam Frank, Light of the Stars. Alien Worlds and the Fate of Earth, WW. Norton 2018.

[iii] Christopher Ryan, Civilizados hasta la muerte, Capitán Swing, Madrid 2020, p. 281-282.

[iv] Carmen Velayos, “La ecoética en España”, La Albolafia –Revista de humanidades y cultura 2, Madrid, octubre de 2014 (número monográfico sobre Las fronteras de la ética en España), p. 130. Puede consultarse en www.albolafia.com . La cita de Víctor Hugo procede de su obra Los Pirineos, Olañeta, Palma de Mallorca 2000, pp. 118-119.

Jorge Riechmann. Informe a la Subcomisión de Cuaternario. Árdora Ed. 2021

Fotografía de Ambar Past. Varanasi. Publicado por ANTONIO ORIHUELA en 1:39

Lazos de baba

(Dudamel Rambler)


Voy con el retruécano
preguntando por el anacoluto

Voy con el sentido desprovisto
y el deseo consentido por el ritmo
armónico

Mi tetracordio eréctil
avanza sin patrón
entre conservantes naturales
y víctimas exitosas

Volviendo a la pregunta original
ante el colapso de las definiciones
el pulso se mantiene autóctono
versátil con respecto a la partícula
divina pero lábil ante los organismos
más binaries.

El sentido no pasa 
al sopesar la vida del anélido superior
luego, volvemos a las fuentes, sin rodar
y sin rogar:  era cuestión de abrevar
y esperar al algoritmo elegido
para subrogar y amortizar el coeficiente
de la pérdida provista.

¿es el amor que pasa?

¿es el pasar que pesa?

¿cuánto pesa un átomo de éter
bien tramitado?

Si se pudo aislar una molécula
de espuma submarina  ¿por qué no
al virus que no acata el aislamiento
preventivo obligatorio?

¿Hay más preguntas?

Pasaría: si otros pasaron yo paso.

El sentido es un fluído: 
el gasterópodo es casi todo agua
pero puede mantener sexo por horas,
largas horas de desenfreno
y expansión libidinosa, señora
¿no es para envidiar?

Las comparaciones son odiosas,
hay que pasar de largo, hay que
pasar sin preguntar qué pasa.

¿Que es la vida, un pasatiempo?

Le pregunté a un caracol,
sano, joven, ambos sexos
pero estaba ocupado:
en una relación.

POSICIÓN DEL POEMA

HÉCTOR CASTILLA

.

POSICIÓN DEL POEMA

está sentado
tiene las rodillas plegadas
ve el mundo
ve flores de trébol blanco
ve un techo de tejas rojas
ve un trozo de cielo gris
no ve el mundo
él solo es el mundo
puede cambiar de sitio
puede levantarse
podría alejarse de su mesa
iría a la cocina
entre los cuchillos metálicos
entre los tenedores acerados
entre las cacerolas hirviendo
se cortaría una rebanada de mundo
mordería en el mundo con apetito
aquí ve el mundo con los dedos
cuenta el mundo sobre un teclado
escribe una partitura
la partitura se llama el mundo
es una partitura en sol menor
en cielo mayor en tejas sostenidas
en trébol blanco
en rodillas plegadas
las teclas del teclado son negras
no tecleéis las teclas por favor
el poema está sentado
el poema se está escribiendo
se prohíbe hablar al poema
do not disturb
no se trata…

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Mamífero superior

(Tomás Lovano)


Nací mamífero,
desnudo y vertebrado,
desocupado pleno y dependiente.

No sabía, era ignorante, 
analfabeto y demandante
y como si no fuera suficiente,
ignoraba todo eso.

Era incapaz de tomar buenas decisiones
y reconocer valores  (ni el valor de la
dependencia reconocía)

En condiciones naturales
hubiera perecido, pero recibí alimento,
cuidado y conocimientos:  como para
poder incorporar otros valores,
desarrollar capacidades y acceder
a cierta autonomía, es decir
al armado de una personalidad propia.

La evolución natural, me permitió
conocer mi condición mamífera,
peinarme, autopercibirme y disfrutar
de las diversas opciones disponibles
para gestionar alimentación, género
y otras nimiedades indeclinables.

Según mis inclinaciones naturales,
probé de todo, abandoné la carne por
el tofu, cambié de dieta varias veces,
incorporé legumbres, cereales, algas,
semillas y algunos suplementos que
suelen asociarse a estas dietas.  Pasé
por la dieta disociada, las macro y
micro bióticas, cetónicas, etcétera.

Ahora me hice omnívoro
y gozo del derecho a comer todo:

todo aquello sospechable de ser
o haber sido portador de algún 
signo vital, y reconocido como apto
para el consumo humano.

Puedo comer de todo y a todos
sin restricciones, en pleno uso
de derecho y con toda libertad.

Seamos libres, que los demás
no importan nada.