Oración purificadora

(Ester Miño)

Ante las líneas enemigas
somos objetivos.

No hay medias tintas
ni claroscuros:

todos somos blancos.

Es para celebrar
la condición aglutinante,
la supremacía ontológica
del blanco.

Pueblos blancos
Pueblos elegidos
Pueblos que han sabido elegir
y defender su blancura.

Hay que blanquear
lo justo y necesario,
la sangre es un insumo histórico,
un recurso renovable, toda la
historia contiene sangre y fuego:
el fuego purifica.

Entre fuego amigo y enemigo
evoluciona la pureza.

Hay fumata: humo blanco
que se eleva…

Elevamos una oración
por los caídos en acción.
Elevamos una oración
por el blanqueo de capitales,
por la trata de blancas
en los mercados negros.

Elevemos una oración en blanco
por la renegociación de la sangre
derramada y por un derrame
justo y soberano.

Emitamos una oración volátil
por los recursos naturales y
los cheques voladores.

Un verso blanco por la
reconversión de los conversos.

Oremos, mientras se consagra
el blanco de la hostia
para que la sangre fluya
cada vez más pura.

Oremos en silencio,
por las emisiones libres 
de impurezas.

Oremos, sin matices,
por las formas puras,
para que no haya grises:

Oremos por la evolución
de la blancura.

Oremos por el conocimiento
objetivo y las verdades puras.

Ante las líneas enemigas
somos objetivos:

somos blancos, 
el futuro será blanco
o de ningún color

(el blanco no es color, es superior
a todos los colores y siempre se
impone)

Oremos, mientras oreamos las
banderas que nunca arriaremos.

Elevemos esta oración armada
de pureza, en el nombre de todos
los blancos y hacia las blancas
cumbres y alturas insondables.

(Mide la extensión de la oración,
dice el Oráculo:  el peso puede
dificultar el éxito de su elevación)

Emisiones libres de material dudoso

(Tomás Mercante)

Hay dadores y receptores
- debe haber -
Hay predadores y deudores
solidarios, hay prestamistas,
prestatarios.

Hay emisiones dudosas
y silencios cómplices.
Hay remilgos y escarceos,
hay misiones silenciosas
y riesgosas.

Y omisiones ominosas.

Hay un riesgo al emitir
un juicio, una palabra,
un punto de inflexión.

Hay quien vacila
ante el riesgo de excederse
en su emisión, vacila con
premeditación y sólo
emite dudas.

Entre emisor y receptor
queda la duda:  
un comercio dudoso.

Hay dudas de distinto signo,
todos somos receptores y dadores,
el tráfico de dudas es intenso.

El intercambio genera deudas,
dudas, creencias y acreencias,
pero poca o ninguna certeza.

Sin duda, lo más seguro
es limitarse a la emisión
de puntos suspensivos...

666 Reencarnación de los carniceros

666 REENCARNACIÓN DE LOS CARNICEROS
 




(Óscar Hahn:  Chile, 1938)


 
Y vi que los carniceros
al tercer día,
al tercer día de la tercera noche,
comenzaban a florecer en los cementerios
como brumosos
lirios o como líquenes.
 
Y vi que los carniceros
al tercer día,
llenos de tordos que eran ellos mismos,
volaban persiguiéndose,
persiguiéndose, constelados
de azufres fosforescentes.
 
Y vi que los carniceros
al tercer día, rojos
como una sangre avergonzada,
jugaban con siete dados hechos
de fuego, pétreos
como los dientes del silencio.
 
Y vi que los perdedores
al tercer día,
se reencarnaban en toros,
cerdos o carneros y vegetaban
como animales en la tierra
para ser carne
de las carnicerías.
 
Y vi que los carniceros
al tercer día,
se están matando entre ellos
perpetuamente.
Tened cuidado, señores
los carniceros,
con los terceros días
de las terceras noches.


(Fuente: Marcelo Sepúlveda Ríos)

Los juegos venenosos

(Asensio Escalante)

La mancha venenosa,
un juego que jugamos todos:

En algún lugar de la memoria
está la mancha.
La memoria son manchas,
registros discontinuos,
tenues o intensos:
muchas manchas
que no se tocan entre sí
¿o sí?

El juego asociativo hace que fluya
la memoria:  Pocas cosas nos
maravillaban como el mercurio,
el metal líquido que brilla y fluye
a la velocidad de la contradicción.

Era una fiesta cuando se rompía
un termómetro.  Juntar las bolitas
gotitas esparcidas, a ver quien
armaba la más grande.

Si te lo tragás te morís,
decían como si fuera previsible
que quisiéramos probarlo.
Era veneno, y acaso saberlo
aumentaba el misterio y la atracción
por ese brillo líquido.

La bolita de mercurio...
La sensación de tenerla en la mano,
sentir ese contacto venenoso y
percibir su peso  (el metal líquido,
es también el más pesado ¿otra
contradicción?)

Lábil, como todo líquido, la bolita
responde al menor movimiento de
la mano, oscila, buscando el centro
de gravedad.

También se asocia al lujo, el brillo
del mercurio: El vecino ostentoso
del barrio que sacaba a pasear su
coupé Mercury, V8, tan brillante e 
impecable como envidiable…
Agresiva, potente y penetrante…
¿Cuántas mujeres podrían resistir
a algo así?

La imaginación infantil, nos lleva
a pensar un mar de mercurio, puro
brillo. Y a fascinarnos con ese
lejano planeta hecho de mercurio,
que a pesar de su peso se mantiene
en órbita.

La mancha venenosa…
La memoria, manchas que brillan
más que otras, venenos buenos
y malos que persisten en emitir
su brillo, más tenue o más intenso.

La memoria, esa mancha
que persiste, indeleble a veces.

El tiempo y sus saberes
desterraron al mercurio de la vida
cotidiana.  Aunque no del todo:
El mercurio, sigue contaminando
aguas, cuerpos y memorias.

¡ Mancha !

¿Quién no soñó, de niño, brillar
como el mercurio?

(o al menos como Alfredo)

La duda auténtica

(Asensio Escalante)


La verdadera duda
nunca está sola.  La autonomía
es una falsa opción
en el cultivo de los cuerpos
que cultivan.

Habitamos un mundo en desarrollo,
un cultivo dudoso, donde todo
puede ser obtenido y desechado
con la misma pasión.

Creemos en la pasión,
conocemos la disipasión.

Cultivar es un acto de fe,
la fe libera endorfinas.

Somos libres para cultivar,
la sangre libre siempre cotiza
y posée un alto valor de reventa.

¡Libérate, hermano: cultívate!

Cada cual es libre de elegir
el cultivo deseado.

(Conocí el Río Deseado cuando joven,
pero no pedí ningún deseo:  No 
encontré nada que desear)

Cultivar es fácil,  tanto o más
que ser cultivado.

Primero hay que saber
desear, luego aspirar, apasionarse
y cultivar sin compasión.

Ana cultiva su genciana,
amarga pero sana.
Rosa, un clavel del aire.
Ariel: su hiedra y un erial
autóctono.  Ricardo un anacardo,
Alfredo bledos…

Todo vale, no importa lo que elijas,
hay cultivos efímeros,
dudosos, espontáneos:

Ninguno es descartable
si hay deseo:  todos podemos ser
objeto de algún deseo extraviado.
Ser objeto o sujeto, no cambia
la ecuación ni las condiciones
del cultivo.

Hay suficientes objetos y sujetos
para traficar y tramitar deseos,
dudas y palabras: todos somos
capaces de cultivar un deseo dudoso.

Cultivo una rosa negra,
sé reconocer
los distintos tonos de negro
y sus matices, así como distingo
al poema verdadero de otras
emisiones dudosas.

Hay que saber diferenciar
la pluma del poeta, 
de la de tantos émulos copiosos 
y rapsodas repetidores.

Hay que saber:  Hay grises,
no es oro todo lo que reluce:
hay brillos que sólo son reflejos
y todos somos aprendices.

Los hábitos efímeros

(Estanislao del Signo)

No quise eclipsarme, 
es cierto,  ¿pero cuánto no
quise?

No contaba, no,
ni consigo ni conmigo
para conseguir un crédito
difuso, blando, autóctono
y obsceno:  como adjetivo dado
a cuenta de los saldos a vencer.

¿venceremos?

Abajo abdica,
hay armas, urnas, uñas, y utensilios,
se buscan excrementos encarecidos
que acrediten el paso de la diosa
Necesidad.

II
Los adictos al silencio, no cuentan,
no necesitan cómplices.

Hay suficiente prueba, podría
detenerme y acabar así.

El ahorro de energía es capital
para la producción humana
de enseres y anticuerpos,
y la materialización de sueños
razonables y poemas asintóticos,
isotópicos y asintomáticos, cuya
efervescencia sanadora es capaz
de producir un bienestar ridículo
y auténtico.

Los hábitos humanos no prescriben,
solía leer con alguna frecuencia
que ahora ahorro:

III
El ahorro: un buen título para 
un poema hermético, conceptista, 
liberador y apócrifo, bien provisto
de un automatismo acérrimo. Tan
revelador como irrelevante.

El ahorro forzoso, sería una alternativa
para ampliar la base de sustento
y acceder a la soberanía poética.

La mampostería del poema
es tan sólida y resiste
como el humo de los dogmas
que circulan más abajo.

Abajo estoy yo consigo:
yo consigo
nosotros conjugamos
vosotros consensuáis,
ellos obtienen.

La unidad no se negocia,
sólo nos unen negocios,
consensuemos conmigo
repitamos conmigo:

hay que suturar, empalmar,
obturar grietas y fisuras,
articular y reparar
para volver a generar 
las condiciones de repetición.


IV
Soldado aprende a soldar,
se necesita precisión, se precisa
una capacitación permanente
para no necesitar ni ser
necesitado:

El verdadero sentido
es un participio pasado.

Soldado aprende a googlear.
Soldado aprende a emprender,
hoy nadie vive de un sueldo…

Soldado venga

Responso

(Tomás Lovano)

Ha partido nuestro hermano
Asco miceto.
Un buen hongo, cuya alma
despedimos con esta sencilla oración.

Un hongo humilde, que supo sufrir
y gozar como cualquier mortal
y después de haber agotado 
su condición efímera, abandona este
valle de lágrimas, sangre, y otros
fluídos residuales que no es atinado
enumerar en esta hora.

Rogamos por la paz de su alma,
Asco miceto ya no está, es sólo
un tenue registro en la memoria
de quienes lo conocimos.

Su alma ha emprendido el viaje
postrero, ya no podrá pecar
entre nosotros.

Pero nos deja sus esporas,
como prenda de fe y esperanza.

Adiós, hermano… Que tu alma sea
acogida por el Amor infinito del
Supremo:  Oremos…

Ahora, en un acto de contrición,
reflexionemos en silencio
con nosotros mismos y en comunión
con Asco, mientras nos respondemos:

¿Has cosechado lo que sembraste?
¿Somos amos de lo que cultivamos,
con o sin amor? ¿O viceversa?
¿Qué cultivar en esta época del mundo?
¿Somos fungibles al amor?
¿Somos aptos para el cultivo?
¿Merecemos todo lo que necesitamos?
¿Somos aptos par el consumo divino?

Asco ha abandonado el mundo material,
ha trascendido su condición fugaz
y ahora se eleva hacia los planos
superiores, cumpliendo el plan 
divino.

Nos encontraremos con Asco
cuando la voluntad divina lo disponga.
Hombres y hembras, hongos y hongas,
en las diversas expresiones de la libre
autopercepción genérica, todos somos
parte de un diseño superior: 

Nos une un destino común, somos
emanación divina y todos somos
biomasa.

Practiquemos la humildad
como Asco, un hongo humilde,
un semejante, un prójimo, un hermano.

Hasta siempre, Asco...

Arma tu propia armonía

(Horacio Ruminal)

Somos plurales, abiertos, inclusivos.
Somos objetivos,
pero no imparciales.

Cuando el silencio fue salud
mantuvimos el saludo silencioso
observando la parte saludable:

emitir lo necesario y justo.

Somos objetivos pero no imparciales,
nuestra misión indeclinable es
contribuir a la Historia del silencio,
un silencio justo, libre y soberano.

El pueblo está solo.
Es lo que hay que saber
para avanzar en lo posible.

La producción de silencio
no puede interrumpirse
ni detenerse:

No se detenga, el centinela abrirá
fuego, leemos en silencio.

El pueblo no se equivoca,
guarda silencio. 
La soledad inclusiva no descarta
a nadie.

El silencio cómplice
- táctico o estratégico -
es sólo un momento del movimiento,
una parte del silencio que aspira
a ser salud.

Saludemos a los nuevos integrantes,
participantes, contribuyentes, auspiciantes,
compañeros aspirantes.

Somos objetivos, pero no imparciales.
Las parcialidades son siempre arbitrarias.

Los adictos al silencio
no necesitan cómplices

Listas únicas

(Estanislao del Signo)

Hubo un tiempo en que leía
a primera vista, ávido y metódico,
anotaba las palabras dudosas o
desconocidas en una lista:  era
un asiduo lector del diccionario,
una forma de incorporar vocabulario.

Hubo un tiempo en que hacía listas:
(Se puede hacer listas de todo) de los
libros a leer, de la música que quería
conseguir, de las ideas a desarrollar,
de los poemas a escribir…

Hasta se puede hacer una lista
de las listas que se podrían hacer.

Listas que daban lugar a otras listas:
Por caso, pude redescubrir la música,
incorporar conocimiento y volver a
esa pasión abandonada.  Entre el rigor,
la disciplina autoimpuesta y el caos del
autodidactismo, se filtraba el placer
de componer.  Luego, había un material
que ordenar: una lista para los temas que
había que trabajar, otra para los que estaban
armados pero faltaba algún retoque; otra
para los que parecían interesantes pero no
estaban resueltos, y otra, con aquellos que
eran sólo un esbozo, una idea en germen
que esperaba un desarrollo… Y por último,
una lista con aquellas obras que consideraba
acabadas, listas:  Listas para ser expuestas
ante quien quisiera oír  (como no tenía un
público exigente, ni ningún otro, no había
ningún apremio y podía seguir haciendo
listas)

Para mantener en forma los dedos, tenía
un lista de ejercicios obligados, práctica
diaria, a los que iba agregando otros.

Hubo un tiempo en que toqué con otros,
distintas experiencias de ensambles, tríos,
dúos, antes de retomar mi condición solista.

 
Una experiencia que enriquece al músico,
nativo o por opción: compartir, escuchar al
otro y reconocerse parte de algo colectivo.
Y claro, la oportunidad de confeccionar
una lista de temas a ensayar.

Hubo un tiempo en que casi no tocaba;
afectado por problemas posturales y tensiones
no resueltas, la disposición física acotaba los
tiempos y la práctica mecánica se reducía a
repetir un repertorio para no perderlo:
Tenía una lista de estudios y composiciones
ajenas y propias que tocaba siempre, privilegiando
los de mayor dificultad  (que eran los que generaban
más tensión:  un círculo vicioso)

La rutina repetitiva, sólo puede sostenerse sobre
una buena condición física y un interés sin mengua:

No fue el caso.
Hubo un tiempo en que casi no tocaba.
Hubo un tiempo en que casi no leía.
Hubo un tiempo en que casi no escribía:

Hacía listas.

Este texto fue escrito hace años,
estaba en una lista de material no publicable,
escritura descartable.  

Pero… ¿Cuál no lo es?

Me preguntaba mientras armaba una lista.

El arte sano

(Onésimo Evans)

El arte de empalmar
los pólices
pasando por los dígitos
del tejido asociativo
del portador implume,
comprometido o sano,
avieso u avezado,
docto y ungulado,
conecta y recompone
los destinos más adversos
y diversos en soluciones
isotópicas y mágicas.

El arte puede estimularte,
enriquecerte, empobrecerte,
revelarte o rebelarte o
arengarte o estandarte:

No le creas demasiado,
no hay un arte sano
-el artesanado sólo expresa
un momento en la historia
de la producción-

Sé pulcro con tus emociones
y deseos, evita los excesos 
y desmadres.

Protege lo que tejas.

Vive tu vida,
bebe tu bidú.

Sírvete a ti mismo
y no codicies el ajenjo ajeno.