La tortuga es torpe

(Ricardo Mansoler)

Todo el que escribe
busca reconocimiento
o busca placer
o busca cómplices.

Hay que reconocer:
todos sabemos o supimos
ser cómplices.

En otros tiempos, se buscaba
la gloria, la fama, acaso
la fortuna o bien, la trascendencia:

Aspiraciones enfocadas en
sustantivos femeninos…

II
La tortuga es torpe.
Ahora baja el escalón, percibo
el sonido de su cuerpo golpeando
contra el suelo  ¿es su peso lo que
le confiere esa torpeza?

La tortuga es un tortugo:  
Una torpeza que puede justificarse
en la arbitrariedad de la lengua,
que a algunas criaturas les asigna
el género femenino por capricho
(la araña, la mosca)  o masculino:
el mosquito tan mentado y combatido
es siempre hembra.

Esta tortuga es un tortugo, puedo dar
fe. La lengua, está signada por la 
arbitrariedad.  El lenguaje que habitamos
y nos vincula con tortugas,  y otros 
semejantes más o menos antiguos ,
menos o más evolucionados, se sostiene
en la arbitrariedad del signo, algo ya
estudiado y aceptado.

La evolución, responde a condiciones
arbitrarias, como la adaptación:

Evolución y adaptación
pertenecen al género femenino,
como la torpeza.

Tengo mis dudas sobre esta relación:
Me parece una torpeza 
asignarle condición femenina
a la torpeza. 

Canto a la vida útil

(Asensio Escalante)


Un canto a la vida
siempre suma.

La vida, en suma , es
una agregación de hechos
más y menos materiales que
se van acumulando para 
decantar en un fondo común.

Un canto a la vida
siempre es oportuno
para cualquier mortal
que se precie.

Se sabe poco de la vida
¿Qué es la vida?
¿una ilusión de la materia altamente 
organizada en sí? ¿una experiencia 
irrepetible y reproducible? ¿una palabra 
que cada cual usa como le place?
¿es la lucha por obtener algún placer?

¿Qué es la vida, un frenesí?
Frenémonos aquí:

No sabemos qué es la vida.
Luego ¿podemos cantar a lo que no
conocemos?

¿Por qué no?
¿Cuántos se aferran a lo que no conocen
y gozan agregando a sus vidas
ese sentido emanado de lo desconocido?

La Fe es un medio de Conocimiento Divino,
que además es el único.

Si aceptamos como algo natural 
que se hable y se le cante a los misterios
de la fe  ¿Por qué no aceptar el canto
a los misterios de la vida?

Más allá de la fe que cada quien profese
o no, un espíritu libre debe ser capaz de
aceptar todo: 

Comparto pero no acepto:

¿No resultaría acaso más sensato,
cantarle a la vida útil, una fórmula más
acotada y menos pretenciosa y misteriosa,
cuyos límites que la definen conocemos
bien?

La vida útil de cualquier objeto, o sujeto,
no sólo es algo mensurable  -y por tanto,
cognoscible-  sino que en ella yacen
todas las oportunidades de interés
para cualquier mortal, deseante, hablante
y consumiente.

Cantar a la vida como noción abstracta,
en términos genéricos,  implica la inclusión
de formas dudosas cuando no despreciables,
como mosquitos, larvas, cucarachas
o bacterias.

¿Acaso somos lo mismo?
¿Podemos considerarlos prójimos
o semejantes?

Yo sospecharía de todos los cantos a la vida
y de sus intérpretes.  Hay guerras bacteriológicas
y hay disputa ideológica, sabemos. Y sabemos
que hay cada vez más infiltración
entre humanos.

Cantemos a la vida útil, antes que decline todo!

Otro canto a la vida

(Asensio Escalante)


Un canto a la vida
siempre es oportuno 
para cualquier mortal 
que se precie.

No sabemos qué es la vida
¿un frenesí?  
¿un pasatiempo?  ¿una ilusión
sinfónica? ¿un acorde de paso?
¿una tensión a resolver en el poema?

No sabemos mucho de la vida
pero es lo único que tenemos.

No sabemos qué es la poesía
pero es imprescindible  
(Jean Cocteau)

La vida, podemos reducir,
se expresa en unas pocas necesidades
irreductibles.

Todo se reduce a las llamadas
funciones vitales, que son pocas
y las conocemos bien.

El canto no es una función vital,
como el poema.
Hay que separar:  el poema, puede
no cantar, ni contar, ni saber
a qué función responde.

Pero puede autopercibirse,
reconocerse
y hasta cantarse a sí mismo
con pasión  (la vida, sabemos, es
pródiga en la generación de pasiones
dudosas)

No se sabe qué es la vida
pero sabemos que podemos honrarla,
celebrarla y defenderla hasta perder
la vida… 

Podemos nombrarla, tributarle cantos
e incluirla en poemas más o menos
dudosos o vacilantes:

Elevo esta oración.

Más sensato, pareciera ser
cantarle a los signos vitales.

Cantemos algo que sepamos todos:

¡Cantemos a los signos vitales!

¿No son ellos quienes nos mantienen vivos?

No es tiempo de definiciones,
dijo el poeta, ya mayor, con la seguridad
y la templanza de quien ha conocido
la necesidad, y experimentado en sí mismo
el paso de las pasiones más dudosas
y las diversas formas de conjugar el verbo
vacilar.

Y con esta cita, completó su canto
y vio que era bueno:

Quien vacila no está muerto:
La vida es movimiento,
vacilar es un signo vital.

¿es todo?



Excesos ejemplares

(Tomás Mercante)


No es ocioso negociar.
Quien conoce su negocio
sólo puede avanzar.
Avanza.
Ningún contratiempo lo detiene
(si se detiene, es sólo para negociar
algún beneficio)

Si la vida es un negocio
no existe más alta vocación,
oficio o profesión.

Quien se reconoce negociable
solo avanza,
sabe que nada le es negado:
sólo puede avanzar.

No es ocioso avanzar:
quien conoce su negocio, no
depende de la oferta y la demanda
ni del auspicio de otros dioses.

No dilapida su tiempo en oraciones
ni en consultar oráculos dudosos.
No duda ni vacila: el tiempo es oro.

No existe el ocio creativo,
sólo se puede crear riqueza, sabiendo
negociar.  Hay suficientes ejemplos
en exceso.

Sólo el que avanza llega a destino
(si se detiene, es sólo para negociar
en el mejor sentido)

No es ocioso conocer el ocio,
ni es ocioso negar:
ningún destino es negociable,
ningún negocio es un fin
en sí mismo:  todo negocio
es parte de otro mayor, que acaso
no conoceremos  (el conocimiento
es parte del negocio)

Pero podemos avanzar,
sólo mientras podamos negociar
las condiciones, sentido y dirección.

Sólo el que avanza
solo llega a destino. 

El sentido experimental (27)

(Luis Espejo)


El sentido experimental:


Creo en el ensayo y el error.
Creo en el error no forzado
y en la falta sistemática
como experiencia superadora.

Creo en la fortaleza que procede
de la acumulación histórica
de experiencia.

Creo en la sistematización
de la acción.

Todo sistema se sostiene
en la repetición, podemos repetir.

Hay que armarse una rutina
que pueda ser reproducida libremente.

Me peino,
después del baño matinal.

Repito:

me peino siempre igual.

Me miro al espejo:

La experiencia es un peine.

Me miro:   me identifico
pero no me reconozco.

Reconozco mi peine:  es éste,
puedo reconocer. El mismo peine,
el mismo espejo, dispuestos a
la práctica de rutina:   reproducir
el mismo peinado ya adquirido
y aceptado como experiencia
repetible y reproducible.

Ensayo y error:
El peinado no está logrado, puedo
reconocer y repetir el error
al infinito…

(No, me reconozco finito, no puedo
aspirar a repetir ese número, pero 
puedo establecer una cantidad
y repetir: catorce)

La experiencia es un peine
al alcance del miembro,
de cualquier miembro, en sentido
genérico, capaz de manipular
el objeto-peine.

Me identifico pero no me reconozco.
Comparto pero no acepto:

Miro mi peine, me miro mirarlo en 
el espejo.  Evalúo la situación:
el peine es exacto, está intacto, con
todos sus dientes en su sitio…
Se mantiene idéntico a sí mismo
a pesar del tiempo.

Reinicio mi peinado,
rectifico esa raya vacilante, corrijo:
reemplazo y anulo, hasta obtener
mi propio reconocimiento.

Con una mirada aprobatoria
del espejo, concluyo el ensayo
tantas veces repetido.

El poema no va a mover un dedo.
El poema no me mueve un pelo,
ni se despeina el poema,, se puede repetir
pero ensaya alguna mueca vacilante
que el espejo reproduce:

El poema es un ensayo, se puede repetir:

La experiencia es un peine
-sentenció el filósofo-

Uno se peina en un sentido,
gracias al peine me siento peinado
en un sentido determinado.

Me autopercibo en el sentido
que verifico en el espejo:
Soy yo, Luis Espejo, peinado
y con sentido.

Siempre es bueno tributar a un sentido
aún cuando sea perfectible.

Peina tu metáfora
con cuidado y esmero y,
de ser posible, con pasión.

Hay un sentido en el peinar,
en el peinado escogido como sentido
y en la fidelidad debida a ese
peinado dado que se desea repetir.

Hay un sentido en la acción de peinar,
en la palabra peinarse, en el verbo
que torna en adjetivo al concluir
la acción del sujeto peinable.

Complace frecuentar ese sentido
que se reproduce como mecánica:
Restablecer el orden
como último deseo.

El sentido provée orden:
el peinado puso orden,
sentido y peinado,
dos participios pasados
tributando al nuevo orden.

Peinamos el sentido.

El Orden hace posible
la repetición metódica y sistemática
y la ilusión de evolución por
repetición.

Repetimos la metáfora divina:

La experiencia es un peine
-reproducción parcial-

Podemos compartir:

Si hay algo que no se comparte
es el peine.

Nictálope

(Tomás Lovano)


Hay adjetivos suficientes
para salir airoso
de cualquier aspiración poética,
pseudopoética, o pesudopódica.

Animales crepusculares,
limítrofes,
en tránsito:

dudo mejor de día,
cuando los gatos duermen
y sueñan con presas 
fabulosas, que escapan 
para volver a ser cazadas,
criaturas extrañas, que escapan
a las clasificaciones taxonómicas
y a los adjetivos conocidos.

Nictálope, condición patológica 
en humanos, es ventaja para el
cazador nocturno.

Ojos de gato brillan en la noche.
El se agazapa, espera inmóvil, silencioso
el momento oportuno.

Es pura energía concentrada
en estado de reposo
(tan cierto como engañoso)

Su instinto contiene toda la sabiduría
que necesita:

El gato no necesita adjetivos
para ser más preciso. Ningún gato,
ni el gato en situación de calle.

Nictálope:  Quien ve mejor de noche.

En la oscuridad de la noche
el gato brilla, reina,
evoluciona,

como un poema obscuro
que avanza silencioso
escrito a altas horas,
tal vez con un nictógrafo y sin
adjetivos suficientes.

Señora
¿usted sabe donde está su gato
ahora?

Grageas

(Luis Espejo)

Gráciles cápsulas,
sus vértices versátiles
eméritos emergen
al margen de órdenes simbólicos
y esfínteres vernáculos.

Gráciles cápsulas,
sin ejes y sin válvulas
cual púbises impúberes,
ofrecen sin escrúpulos
como dóciles dátiles,
sus múltiples decúbitos.


			

La evolución de la ciencia poética

(Horacio Ruminal)


Todavía se discute el sentido de la vida,
aunque cada vez con menos intensidad
y entusiasmo:  los filósofos, tienen mucho
que pensar, reformular, desarrollar, e
interpretar.  La vida cambió, las condiciones
de vida vienen sufriendo alteraciones de un
modo acelerado, sobre todo a partir del
último siglo.

No comemos lo mismo que hace 50 años,
ni producimos lo mismo, ni pensamos ni
deseamos lo mismo.

La producción de conocimiento, la cantidad de
información disponible, el acceso inmediato y
la velocidad en que la procesamos, conducen a
pensar que todas las necesidades tiene una
respuesta tecnológica.

Hay quienes cuestionan esta sobre oferta de
respuestas, vinculándola a la satisfacción
excesiva  (gozamos de una cantidad de estímulos
que desnaturaliza la noción del goce)

Pero están los poetas, que sobrevivieron a la
revolución tecnológica, el poeta olvidado que
insiste en resistir y sigue haciendo de las suyas,
desde el ostracismo anacrónico, sin entender
que el mundo cambió. Ya nadie piensa en cambiar
el mundo.., ni los poetas.


II
La producción poética, ya no se corresponde con la 
imagen del personaje solitario y trasnochado,
recorriendo tabernas, o apartado del mundo material,
midiendo la oscuridad de su ergástula, departiendo
con las musas o encomendándose a los dioses
para recibir la inspiración que alumbrara el poema.

La figura del poeta obscuro, o el bucólico, el abúlico,
el melancólico que cultiva el spleen y bebe su ajenjo,
o el epifánico, el alquímico, el hermético, el liróforo
que sueña con celestes carnes y aves fabulosas 
mientras oye el canto del ruiseñor, o el poeta fracasado,
son anacronismos, como el poeta olvidado, que nada
tienen en común con la práctica poética de hoy.

Ahora, las condiciones de producción de poemas
son muy otras:  El sujeto emisor, ya se trate del
iniciado o del aspirante, sabe que todo lo que necesita
está afuera de sí, en su pantalla. No necesita estímulos
externos. Si busca emociones intensas, violencia,
estulticia, crímenes aberrantes u otras expresiones
de la experiencia humana, ahí las tiene.  Tanto como
si lo inspira la naturaleza o las armas de destrucción
masiva.., o si prefiere escenas de sexo explícito, bajas
pasiones, zoofilia, fitofilia, pedofilia o epistemofilia…

(Si prefiere trabajar con emociones menos intensas,
como el amor, una aplicación le presentará todas las
opciones posibles sobre las distintas modalidades que
puede adoptar este sentimiento primordial  -para
algunas especies, menos desarrolladas-  desde el amor
propio, hasta las más inverosímiles opciones de
enajenarlo:  El amor genérico no existe, necesita un objeto,
animado o no:  hay amor sexual, filial, fraternal, maternal,
al prójimo, al arte, al trabajo, a la divisa, al conocimiento,
a la propiedad o a otras drogas sintéticas…
En cada caso, se podrá visitar un registro con las más
logradas imágenes y metáforas existentes y disponibles)


III
Si no lo inspiran imágenes, sonidos ni emociones, y sólo
le interesan las palabras en estado puro (cultores de Valèry,
que a su vez rendía culto a Mallarmé) y es propenso a creer 
en las propiedades excitantes del lenguaje, puede acceder a
sitios de poesía pura, y también fisgonear lo que escriben
otros poetas, ya sea para copiarlo, superarlo,  imitarlo o
parodiarlo.  Hay quienes se inspiran en una buena frase, un
verso, una palabra, un signo de puntuación bien ejecutado.

(Un buen recurso: apostar a la repetición de algo existente
para producir la novedad por medio de pequeñas alteraciones.

O bien, arribar a lo nuevo,  por la reproducción alterada en forma
deliberada y artera: un arte)


IV
Pero si a pesar de todo, el texto no avanza, y la inspiración del
autor sólo produjo o reprodujo una palabra, el predictor inteligente
resolverá el resto, con sólo acceder al dispositivo, previamente
instalado, y ordenar la ejecución de la aplicación indicada, con la
garantía que sólo ella puede ofrecer, en cuanto a la optimización
de todos los recursos disponibles, y con una eficacia digna de las
mejores causas. 

Exacto

(Ricardo Mansoler)


Para ser más exacto
habría que extenderse más allá
de estos límites
o extralimitarse hacia los centros.

Para ser más exacto
habría que abandonar el poema
presente, correrse al interior,
salir del modo presencial
-siempre dudoso-  hacia la
quintaesencia precisa de los modos
y formas exactos que 
que pueden rastrearse en el pasado.

Al presente,
no hay adjetivo exacto.

Para ser más exacto, 
habría que abandonar el Presente,
desandar dudas y deseos brumosos
y observar inmóvil el reflejo
de la propia máscara de proa.


II
Dejar reposar 
el poema, en su cultivo natural
y extinto,  y volver a la prosa
en busca de mayores precisiones
para ser más exacto.

Aprovechar la zozobra de las horas
y en el tiempo excedente 
corregir el derrotero
con un movimiento firme, dudoso,
imperceptible.

Para ser más exacto
todo movimiento  tiende al pasado,
donde reposan los cuerpos exactos
e inexactos.

Para ser más exacto
habría que esperar que pase
el temporal, aspirar al silencio
y alivianar la carga, arrojando
el lastre por la borda…

Para ser más exacto
habría que limar los bordes
y bordear los límites
que progresan a babor.

Para ser más exacto
habría que abandonar la nave
cargada de presentes
y amaromar los vientos
que vienen del pasado.

El ser selectivo II

(Tomás Mercante)


Hay que ser selectivo,
pensaba para mi mientras leía
una selección de poemas
de autores escogidos.

La propia Naturaleza es selectiva
y se encarga de darnos pruebas
a cada momento:

Por algo recogí este gato, y no otro.
Por algo este gato me adoptó a mi.

Por algo sale y siempre vuelve,
por algo acaba de capturar este pájaro
y no otro:  una paloma torcaza, cuya vida,
sin que ella pueda saberlo, ahora depende
de mi, que sin creer demasiado en el destino
(¿sería ese el suyo?)  abandono el poema
para rescatarla de las fauces de su predador,
mi gato, al que después le pediré perdón
como dios manda… 

No, no creo en dioses, pero él obedecía un
mandato biológico. No eligió ser gato, y la
torcaza era su presa, la obtuvo en buena ley,
le pertenecía. ¿Quién sería yo para alterar el
Orden Natural y sus sentidos de pertenencia?
¿Qué autoridad me cabe para proceder contra 
el instinto animal, natural y popular?

¿Hay más preguntas?

Puede haberlas, pero gracias a la Selección
Natural, esta conciencia superior, propia de
un metabolismo altamente organizado,
puede ofrecer disculpas al gato y,
sin esperar saber si las acepta, volver
al poema, en condiciones naturales...