La muerte del acumulador

(Ricardo Mansoler)

Podría haber evitado la muerte, 
y poner el fin, pero no hay un fin…
El acumulador compulsivo acumula sin fin:
la acumulación es un fin en sí misma, he ahí
el rasgo patológico:  Casi todo lo que se hace
sin otro fin, sin un fin distinto de la acción,
constituye un rasgo patológico  (un desvío
de la necesidad de perseguir un fin, que
sostenga la utilidad de la acción)

Todos acumulamos rasgos patológicos, algo
socialmente aceptado mientras no altere la
sana convivencia, la salud del tejido social, 
lo que llamamos “normalidad”.

II
La pantalla me lo mostró con el desayuno
-suelo desayunarme tarde-
Mirá, es acá en el barrio, dijo mi hijo…
No identificaba del todo las imágenes, pero
no pude dejar de pensar en esa casa; solía
pasar camino a la parada del 113 para ir al
dentista: Una puerta con rejas, y un candado,
dejaban ver infinidad de trastos, que a veces
también ocupaban la vereda.
Adentro, tres o cuatro perros bien adaptados 
a convivir con la basura…
La pantalla mostraba los perros.
Los perros mostraban los dientes,
defendiendo su territorio:  son animales territoriales,
como nosotros.

Los vecinos acumulaban quejas: 
la higiene, las ratas, la desidia de las autoridades…

El cronista habla con el hijo, que explica:  su padre
murió hace tiempo, y su madre está internada. 
La casa quedó abandonada y él promete hacerse
cargo, pide paciencia y comprensión a los vecinos
y colaboración a las autoridades municipales.

III
Yo lo conocía, comento.  Lo vi salir de ahí algunas
veces, y me lo encontraba ocasionalmente en la
verdulería de Chiche; creo que al menos una vez me 
atendió él, se ve que eran amigos.
Después, me lo cruzaba cada tanto en la calle, y nos
saludábamos con normalidad.

Lo normal es que los rasgos patológicos, no excluyan
de la normalidad a su portador, en tanto no queden en 
evidencia… ¿Cómo asociar la imagen de este hombre
perfectamente normal  - si se pudieran combinar estos
términos-, con esa casa abarrotada de lavarropas, cocinas,
calefones y otros artefactos en desuso, ya descartados por
sus antiguos dueños, probablemente con justa razón..?

Es normal que uno encuentre explicaciones:  Hay gente
capaz de reparar y reciclarlo todo, gente que toma lo que
otros desechan y le devuelve algún valor, lo recupera…

Hay reducidores, recicladores, recuperadores urbanos,
y hay acumuladores…

En estos tiempos de rebusques y emprendedores,
cada uno hace lo que puede… La acumulación es siempre
una opción válida, más aún en tiempos de crisis.

Siempre hay algo que acumular, cabe repetir.
Toda acumulación, es una apuesta al futuro, un acto de fe,
y la fe es algo útil de cara al futuro, que suele ser incierto
(sobre todo para aquellos que no han podido acumular otra 
cosa: se aferran a la fe, que es ciega, como el amor)

No hay acumulación sin esperanza.  El presente es tan 
dudoso como efímero, pero es lo único que tenemos
y contiene toda la experiencia del pasado:  No puede
haber presente sin pasado, nunca pudo.  La acumulación
de experiencia no puede detenerse, ni la de pasado.


IV
El acumulador ya no está entre nosotros, es pasado,
historia cerrada.  No puede seguir acumulando.
¿Habrá pasado a mejor vida?
¿Habrá acumulado méritos suficientes?
¿Habrá algo mejor?
¿Habrá algo?
(¿algo que valga la pena acumular, al menos?)

El acumulador no puede seguir acumulando.
Su hijo debe atender las quejas de los vecinos,
dándole algún destino a ese volumen excesivo
de materia excedente, de poco o nulo valor residual.

Volumen que es un problema, y a la vez su herencia.
Nadie elige lo que hereda... 

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