Alcanzo a fracasar

(Ricardo Mansoler)

Concentrarse en una palabra
es tan difícil, como
concentrarse en pensar sin ninguna
palabra.

Yo fracasé, en una palabra.
Pero el sustantivo fracaso, es sólo
una palabra, como animal, 
y sirve a otras como el verbo fracasar.

Los animales no suelen fracasar, 
no saben, no fracasan
ni conjugan verbos como ser,
reconocer.

Son ajenos a la utilidad del verbo
fracasar  (el fracaso es el mejor maestro,
sólo se aprende del fracaso…)

No perciben, no sienten que fracasen, ni
son capaces de capitalizar el fracaso.
Repiten experiencias de un modo natural,
sin producir evolución que valga la pena.

Son ajenos a las propiedades y servicios
de los verbos, e incapaces de gozar
del fracaso ajeno.

Bebo mi ajenjo, me concentro…

Las palabras son signos, abstracciones,
si nos abstraemos de ellas
queda la sensación, el instinto, los sentidos
como único argumento de la vida:

el animal desnudo…

Pero los animales no piensan, pensamos.
No pueden abstraerse de su condición
animal, que acaso no merecen superar.

No piensan, tal vez sepan, no sabemos,
que si lo intentan pueden fracasar.

La muerte del acumulador

(Ricardo Mansoler)

Podría haber evitado la muerte, 
y poner el fin, pero no hay un fin…
El acumulador compulsivo acumula sin fin:
la acumulación es un fin en sí misma, he ahí
el rasgo patológico:  Casi todo lo que se hace
sin otro fin, sin un fin distinto de la acción,
constituye un rasgo patológico  (un desvío
de la necesidad de perseguir un fin, que
sostenga la utilidad de la acción)

Todos acumulamos rasgos patológicos, algo
socialmente aceptado mientras no altere la
sana convivencia, la salud del tejido social, 
lo que llamamos “normalidad”.

II
La pantalla me lo mostró con el desayuno
-suelo desayunarme tarde-
Mirá, es acá en el barrio, dijo mi hijo…
No identificaba del todo las imágenes, pero
no pude dejar de pensar en esa casa; solía
pasar camino a la parada del 113 para ir al
dentista: Una puerta con rejas, y un candado,
dejaban ver infinidad de trastos, que a veces
también ocupaban la vereda.
Adentro, tres o cuatro perros bien adaptados 
a convivir con la basura…
La pantalla mostraba los perros.
Los perros mostraban los dientes,
defendiendo su territorio:  son animales territoriales,
como nosotros.

Los vecinos acumulaban quejas: 
la higiene, las ratas, la desidia de las autoridades…

El cronista habla con el hijo, que explica:  su padre
murió hace tiempo, y su madre está internada. 
La casa quedó abandonada y él promete hacerse
cargo, pide paciencia y comprensión a los vecinos
y colaboración a las autoridades municipales.

III
Yo lo conocía, comento.  Lo vi salir de ahí algunas
veces, y me lo encontraba ocasionalmente en la
verdulería de Chiche; creo que al menos una vez me 
atendió él, se ve que eran amigos.
Después, me lo cruzaba cada tanto en la calle, y nos
saludábamos con normalidad.

Lo normal es que los rasgos patológicos, no excluyan
de la normalidad a su portador, en tanto no queden en 
evidencia… ¿Cómo asociar la imagen de este hombre
perfectamente normal  - si se pudieran combinar estos
términos-, con esa casa abarrotada de lavarropas, cocinas,
calefones y otros artefactos en desuso, ya descartados por
sus antiguos dueños, probablemente con justa razón..?

Es normal que uno encuentre explicaciones:  Hay gente
capaz de reparar y reciclarlo todo, gente que toma lo que
otros desechan y le devuelve algún valor, lo recupera…

Hay reducidores, recicladores, recuperadores urbanos,
y hay acumuladores…

En estos tiempos de rebusques y emprendedores,
cada uno hace lo que puede… La acumulación es siempre
una opción válida, más aún en tiempos de crisis.

Siempre hay algo que acumular, cabe repetir.
Toda acumulación, es una apuesta al futuro, un acto de fe,
y la fe es algo útil de cara al futuro, que suele ser incierto
(sobre todo para aquellos que no han podido acumular otra 
cosa: se aferran a la fe, que es ciega, como el amor)

No hay acumulación sin esperanza.  El presente es tan 
dudoso como efímero, pero es lo único que tenemos
y contiene toda la experiencia del pasado:  No puede
haber presente sin pasado, nunca pudo.  La acumulación
de experiencia no puede detenerse, ni la de pasado.


IV
El acumulador ya no está entre nosotros, es pasado,
historia cerrada.  No puede seguir acumulando.
¿Habrá pasado a mejor vida?
¿Habrá acumulado méritos suficientes?
¿Habrá algo mejor?
¿Habrá algo?
(¿algo que valga la pena acumular, al menos?)

El acumulador no puede seguir acumulando.
Su hijo debe atender las quejas de los vecinos,
dándole algún destino a ese volumen excesivo
de materia excedente, de poco o nulo valor residual.

Volumen que es un problema, y a la vez su herencia.
Nadie elige lo que hereda... 

Corpus

(Asensio Escalante)


Hay cuerpos que revisten gravedad,
y otros que sólo revisten:  revistan
entre los que sólo sirven para vestir,
desvestir y revestir.

Hay cuerpos más razonables: 
se incorporan a distintos centros y
grados de gravedad, y se adaptan
bien, como cualquier significante,
a la condición grave, esdrújula
o aguda.

(Los cuerpos esdrújulos extienden la 
ilusión, sostienen la extensión de la
noción gravosa con algún éxito)

Hay cuerpos que gravitan
con algún sentido y eficacia, y los hay
que satelizan, orbiculan, observando
una fidelidad envidiable  (Para los
cuerpos provistos de conciencia, cualquier
cosa puede ser objeto de envidia)

Hay cuerpos creyentes, excreyentes, 
claudicantes, semovientes, replicantes.

Cuerpos que creen en la atracción
de los cuerpos, en teorías de cuerdas,
en la metempsicosis, en la serendipia,
cuerpos que creen en el desarrollo indefinido
de su masa encefálica, en la biomasa como
destino superior de los cuerpos, y en el
desarrollo de teorías aún desconocidas.

Hay cuerpos que sólo creen en lo que
no conocen, y cuerpos que no se reconocen 
sino en relación a otros cuerpos.

Y hay cuerpos que son sólo metabolismo.
Entienden que la función central
de un cuerpo, es incorporar:  son propensos
a incorporarlo todo, y permanecen indiferentes
a todo aquello que no puede ser incorporado.

Hay otros cuerpos, que no parecen interesados 
en producir rechazo ni atracción, 
cuerpos extraños, cuyo centro de gravedad 
puede estar en todas partes, es decir,
en ninguna.

Nuevos ritmos, completamente reciclables

(Epifanio Webber)





¡Discontinuar!
Dijo un voz popular.

Los discursos populares
suelen ser objeto de dudas,
pero la propuesta discontinua
como opción superadora, abre
nuevas perspectivas a la interacción
sinérgica de los recursos evolutivos.

Observando los ciclos naturales,
es aceptable preguntar:
¿es natural pasar de un ciclo a otro?
¿son los ciclos, algo natural?

O bien: ¿lo único natural es reciclar?

Hay síntomas recurrentes
de haber cumplido un ciclo.
Un ejemplo: el síndrome del ciclista.

No, no todo es continuidad, ni necesidad:
En ocasiones, discontinuar la producción
de necesidades, se torna necesario.

El ciclamen hace la vista gorda
al ganado, y prepara otra floración
ante la mirada ambigua del cíclope
que pasa (en los poemas, puede pasar
cualquier cosa)

Hay que sospechar de los movimientos
circulares, de las armonías que no
resuelven, de los ritornellos, de los ritos
que se repiten y los ritmos que sólo piden
su propia reproducción…

Hay que desonfiar de las falsas renovaciones
que sólo prometen reciclar el pasado.

El ciclo, ofrece la ilusión de movimiento,
la aventura de la novedad que se tramita
como un sesgo evolutivo, para volver al
punto de partida: volver a la imperfecta
circularidad del cero, volver a cero…

Reiniciar los ciclos conocidos:

(El cero ya lo tenemos, hay que cuidar
el cero, abrazarse al cero y circular, en
un sentido positivo, dentro del círculo
vicioso, para seguir produciendo
oportunidades ilusorias y reproduciendo
tejido seroso, o ceroso)

Lo importante es mantener el ritmo,
no salirse de la órbita ni perder detalle
de la secuencia circulante.

¡Discontinuar!
Dijo una voz popular, desafinada
y a destiempo.

La libre circulación
es un vicio retórico.

María Amelia

(Ricardo Mansoler)


María Amelia vive,
me escribe María Amelia
desde mi mano izquierda.

Escribimos sobre María Amelia
con María Amelia:

No está muerto quien escribe.

¿Escribir es vivir?

Tal vez no, pero es la función vital
de una lapicera  (en este caso, un
bolígrafo descartable de procedencia
china) y que creía extinta.

Tengo varias iguales, pero sólo
ésta tiene nombre:  María Amelia.

No suelo poner nombre a lapiceras
ni a otros objetos inanimados, que son
tantos…  Pero ella lo tenía, prolijamente
adherido a su cuerpo estilizado, cuando
la encontré en la calle, en la vereda de
un chino.  (Un bolígrafo chino, frente a
un comercio chino, no significa que su
dueña fuera, también, china)

Nunca sabré quien es la dueña
de María Amelia, 
la verdadera María Amelia,
que tuvo la precaución de etiquetar
su lapicera descartable para no perderla:

Una tendencia de estos tiempos,
cada vez más nos aferramos a lo 
descartable, y etiquetamos para ser
etiquetados.

La grafía cursiva, algo infantil, cuidada y
armoniosa, podría ser de una maestra, de
una profesora de solfeo, o de una alumna.
(María Amelia no parece un nombre de 
alguien joven, las Amelias florecían hace
varias décadas: pienso en Amelia Bence, 
y otras Amelias que conocí)

María Amelia, a quien nunca conoceré,
habrá aprendido, tal vez, que las precauciones
suelen ser inútiles, todo tiende a perderse, 
más allá de la voluntad y sus recaudos.

Escrita o no, la ley se verifica
minuciosamente, y oponer resistencia
el perder el tiempo:  La pérdida natural
de todo, rige la vida de los organismos,
incluso de los más altamente organizados
y los que desarrollan el sentido de propiedad.

María Amelia, habrá olvidado a María Amelia,
pienso y escribo con ella.  Es probable que 
haya descartado otras María Amelia después
de la que escribe ahora, estas que pueden ser
sus últimas palabras.

Nunca sabrá, María Amelia, que alguien
la encontró, y que escribió con ella
un poema descartable, como ella,
que se llama María Amelia. 

Víveres ajenos

(Remigio Remington)

Vi vencer
y vivenciar el propio
vencimiento
como fracaso y oportunidad.

Vi lo provisional
en su asidero vertical:
Vi al viandante feliz
en su visión binaria,
e infeliz.

Vi vigas resistiendo
el paso de los víveres 
ajenos.

Vi más de lo que pensaba:
Ver para creer, pensé,
más no para pensar, barrunté.

Miré mi espada
y vi que amancillaba,
ya vencida y carcomida,
su puro óxido
en plenitud de funciones.

Vi acumular, dilapidar, clasificar:
ví más de lo que hubiera podido nombrar,
querido ordenar, deseado olvidar.

Fragmentos vigorosos
de humo puro,
filamentos gozosos
de un rumor acérrimo y vigente
entre dos signos circulares.

Vi cebar, antiguas sedes
con los restos diurnos
de un señuelo retráctil e inconsútil

Ví caer y celebrar.
Ví vertir por la ranura,
vi aprobar, vi invertir
el orden de la prueba.
Vi ver y vi callar.

II
Me volví,
para volver a verme
y en lo posible ser verificado
en tiempo y forma por
mis órganos competentes.

Ví verificar vencimientos
consensuar consignas
y elevar oraciones
ante el paisaje de términos
y el pasaje de fluído humano
a banalizar según protocolos
acordados.

Entreví:  ávidas aves rozagando
entre pólipos y pólices,
y entre jirones no binaries
entre sí.

Ví más de lo que podía pensar.
Miré mi espada, el óxido postrero.
Pensé en no verme y temblé….

Después se me pasó.
Tomé un vitagenol
y vi lo negativo.

Dar: un verbo dudoso

(Onésimo Evans)


Hay que dudar de los sentidos dados,
de dadores y receptores,
deudores y acreedores.

Dadores, cuidadores, predadores,
preceptores y recepcionistas.

¿Dudar del verbo dar?

Sí.  Dar divide:

(y dada la división, surge la duda
fehaciente)

Para que haya un dador
tiene que haber un receptor.

Damos fe:  

Una vez iniciado este proceso,
no hay retorno;  todos somos
dadores y receptores, aceptamos
como algo natural, e incorporamos
la dependencia,
como elemento común a toda relación, 
y propio  de la organización:

Lo dado.

Luego, observamos complacientes
como todo parece depender
de la oferta y la demanda
de dadores y receptores.

Yo dudaría de los sentidos comunes
y de todos los sentidos dados

¿Quién los pidió?

¿Quién emitió el pedido?

¿No sería mejor barajar y dar de nuevo?

La evolución de la duda

(Horacio Ruminal)


Sin duda,
la evolución contiene todas las respuestas
que aún desconocemos.

Entre ellas, es dable aventurar, que 
una buena parte de nuestras dudas
actuales serán superadas, saldadas
o doblegadas:  no es ocioso suponer
que habrá otras, que aún desconocemos.

Una solución posible se vislumbra ya:
Tercerizar la duda, una práctica posible,
que redundaría, entre otros beneficios,
en una aceleración de la velocidad 
de producción de conocimiento.

Debemos conocer, que hay tres tipos
de duda:  genérica, específica
y sospechosa  (No confundir:  hay
mucha improvisación en torno a las
dudas)

La generalizaciones siempre son odiosas.

Ni diosas ni dioses, conocieron la duda.

¿Dudar es humano?

Sí, como tercerizar: somos los únicos.

La tercerización, es la mejor opción
para reducir los costos de la actividad
productiva, tanto como de la producción
dudosa.

Estamos generando las condiciones
para impulsar la diversificación productiva
y el desarrollo de nuevos eventos tecnológicos
y emprendimientos cada vez más dudosos.

¿Estamos haciendo lo que había que hacer?

No tenemos una respuesta taxativa, pero 
estamos persuadidos:  La diversificación
de la duda crea certeza.

La presión tributaria debe ser proporcional
a la capacidad ociosa de los activos
por el cociente de duda de cada contribuyente.

Tenemos la certeza:  No todos disponemos
de los recursos y capacidades necesarios
para gestionar una conciencia dudosa

La sana ocupación

(Carlos Inquilino)


Venimos a ocupar,
ocupar espacios y disputar
con otras especies.

Hay una ocupación genérica
y otra específica.

Luego, la disputa evoluciona,
hacia adentro de la propia especie
ocupante:  los más aptos, ocupan más
y mejores espacios.

Esta disputa no tiene fin, 
la distribución de espacios y propiedades
nunca es definitiva, está sujeta a evolución
y le asignamos el valor de un orden.
Aceptamos: la sociedad es dinámica.

Desde la conquista de la conciencia
y el acceso al Orden Simbólico, nos
reconocemos sujetos, portadores y productores
de conocimiento, y únicos productores
de sentido.

Esto nos diferencia de los otros animales,
incapaces de diferenciar, de valorar, de acumular 
y de justificar su presencia con ocupaciones dignas
y producir alguna utilidad.

Habitan un plano inferior, sin aspiraciones, regido
por el instinto, un mandato biológico de evolución
tan lenta como dudosa  (una hormiga actual, es casi
idéntica a las originarias de hace un millón de años)

El conocimiento acumulado, nos indica que no hay
evolución sin orden.  El Orden Natural, si existiera
tal cosa, limitaba nuestras aspiraciones evolutivas:
Era algo que merecía ser superado.

Lo hacíamos, pero sin conciencia, de un modo natural,
tan solo por la necesidad de ocupar espacios: la
expansión es propia de la evolución, así como la
expropiación y la usurpación.

Ahora adquirimos conciencia.
Somos plenamente conscientes de nuestro mandato
evolutivo  (aunque la conciencia es algo que siempre
puede expandirse) y disponemos los recursos para
dar respuesta a ese hecho biològico.


Venimos a ocupar,
a conquistar, usurpar, desalojar y producir
nuevos sentidos.

Venimos a instalar otro sentido: 
el verdadero sentido productivo, sostenible
y escalable a valores evolutivos confiables.

Sabemos que todo lo que existe en forma natural
nos pertenece. Son recursos naturales para nuestra
evolución, que es la del mundo sensible y de la vida,
desde que la evidencia científica nos confirma
como vanguardia evolutiva.

Todo lo que existe merece ser superado,
llámese Orden Natural, biomasa o sujeto
histórico.

Venimos a ocupar, creemos que el estado
de ocupación es el único capaz de dar respuesta
a todas las necesidades.

Sabemos que todos los Estados actuales 
proceden de la ocupación.  Tenemos fundamentos
para expandir nuestra ocupación y combatir la
desocupación en todos sus frentes.

Venimos a ocupar y venimos a invertir,
la ocupación histórica es un hecho irrefutable
Hasta hoy, la ocupación se mantiene al tope
de las inversiones más atractivas.

Estamos en condiciones de afirmar:
la ocupación es la mejor inversión.

Sin inversión no hay desarrollo
ni evolución posible.

El estado de ocupación
es la más alta expresión
de la carrera evolutiva:

Venimos a ocupar espacios
y a disputar con otras especies
y otros ocupadores:

La sana competencia, es lo único
que impulsa la evolución.

Hay que aspirar a la plena ocupación.

No hay tiempo para improvisar

(Dudamel Rambler)


Hay que acabar con la improvisación
en todos los ámbitos del conocimiento:

En todos los ámbitos conocidos
hay improvisados.  Se debe poner límite
a la expansión descontrolada 
de la improvisación en todas
sus expresiones:  

La improvisación genérica
genera más dudas que certezas.

Hay que tercerizar la duda
para reducir el margen especulativo
e impulsar el conocimiento genuino,
verdadero, y su circulación.

Hay tres tipos de duda:
Genérica, específica y sospechosa.

No confundir. Estamos cansados de los
improvisados que emiten juicios y conceptos
que no tienen fundamento científico:

Para improvisar, hay que saber.
Nadie nace sabiendo improvisar
ni nace sabiendo:  se nace sin saber
y sin querer, hay que improvisar.

Hay quienes llevan años aprendiendo
a improvisar, y aún no completan su
formación como improvisadores acabados.

Y hay quienes llevan años  improvisando,
sin haber aprendido nunca.  Son los llamados
improvisadores improvisados, y es fácil
detectarlos: siempre se repiten, no poseen
más recursos que los necesarios para
reproducir y reproducirse.

Debemos actuar antes que sea demasiado
tarde, y procurar los medios y acciones
para reducir el área de circulación del
virus de la improvisación.

Pongamos un freno a la producción
automatizada de improvisadores,  
improvisaciones e improvisados
que sólo buscan la reproducción
de su modelo replicable…

(Este texto es ajeno a todo sesgo ideológico
y de libre reproducción)