La utilidad de la evolución (o la evolución de la utilidad)

(Horacio Ruminal)


Hay palabras, que no se resignan a servir
bajo una sola función gramatical.
El adjetivo útil, puede ser también un sustantivo
(el útil, los útiles) y a su vez, utilizarse como verbo,
incluso en su forma negativa  (inutilizado)

La utilidad se amplía aún más, al sumar el adverbio,
que es como un adjetivo del verbo:  Inútilmente,
buscaba una función donde no pudiera prestar
ninguna utilidad la palabra útil.

Todo lo que se puede hacer, o decir, será, en
primera instancia, útil o inútil.
También lo que está hecho y dicho.

Dicho ésto, se puede decir que las palabras
son útiles, en tanto cumplen una función, 
persiguen un fin, y al concretarlo realizan
su utilidad.

Hay hechos y palabras, porque hay sujetos:
seres que producen hechos, acciones, y
emiten palabras, intercambian.

Gracias al comercio de la palabra
los sujetos entablan relaciones,
más o menos útiles y estables:  la segunda
condición dependerá de la primera.

El orden simbólico, un sistema creado por
sujetos, hace posible la conciencia.   Somos
conscientes de la utilidad, y de su condición
temporal:  En distintos segmentos de nuestra
vida útil, percibimos que hay sujetos que nos
resultan más y menos útiles.

Las relaciones entre sujetos son dinámicas,
estamos sujetos a ese cambio en la valoración
de la utilidad del otro.

En otro sentido, los movimientos históricos, las
formas en que nos organizamos para producir y
vivir, siguen el curso evolutivo que determina
la utilidad: lo que es útil para la evolución.


II
La evolución es también una palabra,
y de las más útiles. Sirve para justificarlo todo,
casi como utilidad o útil.

No se puede estar en contra de la evolución del
lenguaje, ni del conocimiento, ni de las relaciones
de producción tributarias de la propiedad (que sigue
su propia evolución, concentrándose cada vez más
en sí misma)


III
Para que exista algo útil, o se produzca utilidad,
debe haber un sujeto que utilice:  Hay muchas formas
de utilizar los verbos y palabras que no son verbos,
por eso existe la literatura, y sujetos que ensayan y
disponen palabras en forma de poemas, en busca de 
otra utilidad, o bien de objetos que no se reconozcan
en la funcionalidad de lo útil.

Sin embargo, desde los verbos más necesarios
hasta los significantes menos frecuentados y de más
dudosa utilidad, sólo son útiles para nosotros, los
sujetos auto reconocidos como tales, una proporción
insignificante de la biomasa.

Es natural que la proliferación descontrolada de esta
especie, los sujetos, derive en la multiplicación de
utilidades y en su búsqueda creciente.

Y es natural, también, en términos evolutivos, que
la producción y reproducción de sujetos produzca
nuevos objetos y nuevas necesidades y con ellas,
la necesidad de expresarlas, nombrarlas, para poder
asumirlas, gestionarlas o tramitarlas.

El lenguaje se adapta, como cualquier organismo
vivo, a las condiciones de la evolución. 
Sabe, que una lengua que no es capaz de adaptarse,
perece.

Cada cultura es responsable de la evolución
de su lengua  (Todos los cambios que produce una
sociedad, empiezan a manifestarse allí)

Las sociedades más ricas, producen y exportan
nuevos significantes, que las otras adaptan y adoptan
sin reparos, de un modo natural.

El lenguaje, entre otras utilidades, sirve para
naturalizar todo  (la incorporación de vocablos 
extraños, valores semánticos, es una forma de 
colonización eficaz, un recurso natural de la
ideología)


IV
La utilidad, entendida como propiedad o condición
de un objeto o una acción, de servir a la consecución
de un fin, hoy, por obra de la expansión de su volumen
semántico, ha pasado a ser otra cosa:  se desarrolló, 
agregó valor.  Su valor de uso en relación a una finalidad
acotada, fue superado por la acción de quienes impulsan
y deciden la dirección de “la evolución”, para convertirse
en un valor excluyente: un fin en sí misma.

Luego, resulta natural que esta palabra determine todas
nuestras valoraciones.

Naturalizamos que la búsqueda de utilidades, tanto como
la forma de “producirlas” lo justifique todo.

No hay culpa, cuando hay el móvil es una causa justa,
como la utilidad.

Como es el fin último de todo , y de todos, resulta natural
que ese fin justifique los medios.

Para que la utilidad haya podido erigirse
como valor central, axial y excluyente que nos gobierna
y al que sólo cabe rendir culto y tributo,
hubo que naturalizar que todo lo que existe en forma
natural, incluídos los cuerpos de sujetos hablantes y
deseantes, son “recursos”.

Es natural, por último, que todo esto ocurra, y que sea éste
el sesgo evolutivo adoptado, en un mundo controlado por
intereses corporativos y globalizados, grandes corporaciones
que deciden el diseño de nuestro futuro, y a las que sólo les
interesa obtener más y más utilidades.


V
La vida, una condición de la materia, que compartimos con
millones de organismos, nos sigue resultando algo extraño
y misterioso, imposible de definir  (más allá de los signos
vitales y las funciones biológicas que la definen).

Pero no necesitamos conocer mucho más, ni entender
o buscar un sentido más profundo.  Gracias a la “evolución”
pudimos comprender, aceptar y naturalizar, que hay algo
más interesante que ese sentido presunto e inasible:

La vida, en sí misma, es un concepto abstracto, sin mayor
valor que el que emana desde su condición efímera.
Lo que en verdad importa es la vida útil.

***

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