Masa Madre

 Gracias a la pandemia, y al aislamiento preventivo,
 algunos aprovechan ese tiempo ocioso para estrechar
 lazos virtuales, intercambiar fotos de mascotas,
 establecer nuevos contactos y compartir frases célebres
 o ingeniosas o… (bueno, las mismas de siempre)

 Otros prefieren agitar o compartir información dudosa:
 algo que siempre suma, dado que casi toda la información
 que circula es dudosa.  El ejercicio, la práctica metódica
 de la duda, es vital para la producción de conocimiento.

 Hay, también, otras opciones.
 Yo entré a un grupo de Masa Madre, y estoy elaborando
 y recomponiendo mi relación con ese sentimiento tan 
 particular.   Mi madre me abandonó hace unos años,  no
 puedo precisar cuando comenzó a abandonarme, pero hay
 que reconocer que son ellas, las madres, quienes marcan
 nuestra forma de relacionarnos y nuestra relación con el
 mundo.  De allí proceden los más profundos rasgos de la
 personalidad, así como deseos, temores, perversiones…

 Ahora, tengo mi propia masa.  Puedo observar su evolución,
 como crece día a día, tal como cualquier organismo vivo.
 Hay mucho que aprender de una Masa Madre…

 No es difícil ni costoso, está al alcance de cualquier hijo
 de vecino.  Basta un poco de paciencia y dedicación:  con
 unos minutos por día es suficiente, y si no se la deja de
 alimentar, no muere nunca…

 Es reconfortante pensar que cuando ya no estemos en este
 plano, la Masa Madre seguirá acompañando a nuestros
 descendientes, más allá de los vaivenes históricos, el calenta-
 miento global y el colapso de la civilización.

 (A no ser que se impongan las dietas cetogénicas, algo que se
 avizora como poco probable: la carga simbólica del pan, excede
 su función nutricia y metonímica. Su presencia en la vida de las
 diversas culturas humanas, es tan o más antigua que las religiones.
 Si bien desde la óptica científica, sus propiedades nutrientes
 aparecen bastante acotadas, cuando no cuestionadas, no se puede
 negar su valor de significante, dando respuesta a la necesidad
 no sólo biológica, sino metafísica, que lo ubica como alimento
 por antonomasia, a través de los tiempos.

 Y si digo alimento, no puedo dejar de pensar en la palabra madre,
 ese ser nutricio que prefigura nuestro destino…

 (éste se destetó solo, no me dio ningún trabajo:  no hay nada
 como contar con el reconocimiento materno)

 Masa Madre, la conjunción de estos significantes
 alimenta el espíritu de sanos y enfermos.
 Somos materia, en la etimología de materia
 está contenida la función materna.

 Gracias a la Masa Madre, estoy revisando
 y recomponiendo mi vínculo con ese sentimiento
 tan antiguo.
 Y a la vez, puedo disfrutar de la experiencia
 de maternar a mi Masa. 

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