La evolución del ocio





La evolución del ocio
 No existe el ocio creativo,
 afirmaba un pensador reconocido
 aunque no autorizado  (se reconocía no autorizado,
 ejerciendo su derecho  a la autoidentificación:  no 
 reconocía el principio de autoridad ni el derecho
 de autor. “Nunca me verán peticionando a las
 autoridades, ni mendigando autorización alguna”

 El ocio es uno e indiviso:
 Dividirlo es degradarlo.

 No les alcanzó con la división del trabajo
 y pretenden degradar el ocio, dividiéndolo:
 uno bueno y otro malo, positivo y negativo,
 atribuyendo al ocio creativo el signo positivo,
 descontando que la acción de crear, es algo bueno
 en sí mismo, cuando la mayoría de las creaciones
 humanas son deleznables, mientras que el arte
 alcanza su punto más alto cuando logra sumergirse
 en las profundidades más obscuras 
 del alma humana, si existiera tal cosa, reflejando 
 su condición predominantemente negativa.

 Este artificio artero, sin fundamento filosófico, 
 resulta de gran utilidad a los intereses más viles
 y abyectos, pues sirve para condenar y combatir
 el ocio, estado superior del alma humana y de todo
 organismo viviente.

 La división, constitutiva del pensamiento binario,
 suele descansar en premisas falsas: hacer es mejor
 que no hacer / la ocupación es el estado natural del 
 hombre /  el movimiento es la superación del estado
 de reposo / toda actividad merece reconocimiento / 
 el trabajo nos hace dignos y respetables /  gracias al
 trabajo, podemos disfrutar del tiempo libre /  el
 trabajo justifica la existencia / el trabajo nos hará
 libres…. 

 ¿Hay un trabajo creativo?

 Sí, el del artista, el del artesano, el del filósofo…

 Pero estos quehaceres son tributarios del ocio:  
 Toda la filosofía y el arte existentes, no hubieran
 sido posibles sin la condición ociosa.

 En otras palabras, toda nuestra cultura
 es hija del ocio.  

 Sólo el ocio es creativo,
 el resto es sólo negocio
 ¡Qué no nos dividan, 
 ni nos quieran dividir el ocio!

 No existe el ocio creativo 
 ni el ocio productivo
 ni el ocio positivo:
 El ocio es Uno
 y sólo Uno

 y es el que es. 

La evolución del poema

Hay que cuidar el producto:

 El poema producto
 reconoce su deuda epistémica
 con la evolución

 La palabra
 es producto de la evolución

 La palabra producto
 registra una evolución
 tanto como la palabra
 evolución

 La lengua es un organismo vivo,
 dinámico y emprendedor,
 un metabolismo en constante
 evolución
 (Hoy oímos con naturalidad, hablar de
 la evolución de la leche,
 la evolución de la carne,
 la evolución del combustible fósil.
 Mientras cursamos nuestra propia evolución
 con una mirada evolutiva
 Gracias a la publicidad,
 los significantes desarrollan nuevas prestaciones
 y aplicaciones
 La evolución, hace que aceptemos acepciones
 que antes hubieran sido inaceptables:  
 la naturaleza expansiva de las acepciones
 parece no tener límites, 
 con lo cual,  la diversidad de significantes
 pronto perderá sentido   ¿para qué tantas voces
 si una palabra puede significarlo todo?)

 Este poema, asume su huella evolutiva
 y su carga de futuro

 Este poema contiene milenios de historia
 evolutiva, pero trabaja con ideas disruptivas,
 escalables, replicables, sustentables,
 refutables  y  perfectamente
 degradables.

 El poema producto
 sabe que debe responder a las necesidades
 de un mercado en continua evolución:

 No podemos escribir el mismo poema que ayer.

 Este poema contiene tecnología de punta,
 procede de la punta roma 
 de un bolígrafo chino.


Tomás Mercante

La opción inteligente

“Los inteligentes buscan soluciones,
 los inútiles buscan culpables”

 Dime lo que buscas y te diré qué eres.

 Es más fácil reconocerse inteligente que inúti,
 pero no hay evidencia científica de que el
 auto reconocimiento  coincida necesariamente
 con el merecimiento  del adjetivo.

 No seamos necios, no existe el inútil integral.
 Hay un hombre sin atributos, pero no es lo mismo
 que el inútil absoluto.
 Todos gozamos de alguna utilidad residual,
 aún cuando no sea fácil percibirlo ni detectarlo.

 Conviene desconfiar de las verdades encerradas
 en aforismos  (tanto como de las verdades encerradas
 entre paréntesis y de las verdades encerradas)

 Conviene desconfiar de los recursos metonímicos
 que sostienen la eficacia de los aforismos.

 Los inteligentes suelen desconfiar, negar y cuestionar
 la validez de enunciados axiomáticos
 y afirmaciones taxativas.

 Aunque es justo reconocer:  hay que ser inteligente para
 pergeñar aforismos como éste.

 Los inteligentes suelen tener más dudas que certezas.
 La duda, puede dilatar la decisión, la inteligencia vacila
 ante la opción binaria:   ¿y si hubiera otra?

 No, aquí no se puede ser neutral.
 Los inteligentes buscan soluciones.
 Los inútiles buscan culpables.

 ¿Y vos?  ¿Qué andás buscando?

 ¿De qué lado estás?

 Yo ya elegí.  Los inútiles son un peligro, no hace falta ser
 muy inteligente para advertirlo:

 Si hoy buscan culpables,
 mañana buscarán justicia.


(Ricardo Mansoler)

Descartan que haya habido vida inteligente

(Carlos Inquilino)

“Los inteligentes buscan soluciones,
   los inútiles buscan culpables”

 No seas inútil,
 vos también podés sentirte útil
 (Ser es sentir, los sentidos son
 instrumentos del conocimiento)

 El autoconocimiento es un arma
 para vencer obstáculos, superar las crisis,
 alcanzar metas y enfrentar la lucha por
 la vida, la lucha contra el prójimo,
 con una actitud positiva y
 renovado optimismo.

 La utilidad está en vos, 
 hay que extraerla,  y gestionarla
 de un modo provechoso, productivo,
 positivo, es decir:  útil.

 El autoconocimiento te brinda los recursos
 para extraer y optimizar tu propia
 utilidad de manera sustentable.

 “Los inteligentes buscan soluciones,
   los inútiles buscan culpables”

 Reconocerse inútil
 es más útil que buscar culpables.
 Nadie está libre de culpas: 
 Provenimos de la culpa concurrente,
 hemos creado religiones
 que inventaron la culpa,
 y vieron que era útil.

 Pero no es común que alguien
 se reconozca inútil:  Hay que ser
 inteligente.

 En condiciones normales
 todos disponemos de una utilidad potencial
 y de alguna residual.
 Pero no solemos aprovechar más 
 que una parte menor de la primera,
 por lo que dependemos de la segunda.

 Aprendé a conocer y reconocer tus propios
 límites  (los límites son útiles, más que el
 conocimiento, que es siempre limitado)

 Nadie nace sabiendo, se conoce.
 Cuando nacemos, somos perfectamente inútiles,
 dependemos de otros: hasta para nacer
 dependemos de otros.
 A partir de allí, nos familiarizamos con la
 dependencia y la utilidad: dos condiciones
 para el desarrollo de un metabolismo sano, 
 necesario para el armado de una personalidad
 sustentable, que nos integre al mundo productivo
 como unidades de producción, capaces de sumar,
 crecer, agregar valor e incrementar su rendimiento.

 No te rindas.